CRÓNICA DE UN RENACIMIENTO

 

CRÓNICA DE UN RENACIMIENTO

ALBERTO J. MERLANO A.

2023

 

El 29 de abril acudí a URGENCIAS de la Fundación Santa Fe por un presunto infarto. Fui dado de alta el 24 de junio; es decir, duré hospitalizado 54 días, descontando 2 días que estuve en casa antes de tener que regresar a la Fundación. 

A continuación, el relato de mi esposa ELA, la heroína de esta odisea, después mis reflexiones sobre la misma.

 

DIARIO DE UN MILAGRO

ELA GRONDONA

 

Todo sucede con algún propósito en nuestras vidas, no descartemos los aprendizajes, aunque sean complejos. 

Todo iba normal hasta el sábado 29 de abril del año 2023, mi esposo me dice que le duele el estómago y tiene la presión arterial en 200. Pensé que se estaba infartando. En mi interior una voz me decía que todo iba a salir bien. 

Llegamos a urgencias de la Fundación Santa Fe lo atendieron rápidamente y descartaron que fuera un infarto. Lo revisa el médico y nos dice: Don Alberto dos noticias, una buena y la otra mala. La buena, es la vesícula lo que le produce el dolor abdominal y la mala es que debemos esperar 5 días para poderlo operar ya que usted toma Clopidogrel que es un anticoagulante y no es seguro intervenirlo sin que su efecto pase, pues podría desangrarse. Pensé en ese momento, bueno 5 días no son muchos, pero se convirtieron en 54 días. 

Gracias a la intervención de la sobrina de Alberto, María Teresa Alcocer Rosa, hermana de la primera dama Verónica Alcocer, pasaron a mi marido de la sala de emergencias a una habitación muy buena ubicada en el piso 12, buena vista y la atención súper.  El médico cirujano tratante percibe una posible obstrucción en el conducto biliar y llaman al gastroenterólogo para hacer un examen que  confirmó lo que éste pensaba: la vía biliar estaba completamente tapada y había que  destaparla y poner un stent biliar. 

Albert estaba con el estómago muy hinchado y de color amarillo ya que sus enzimas hepáticas estaban muy elevadas debido a todo lo que estaba pasándole en ese momento y el 3 de mayo se toma la decisión de pasarlo a la UCI, Unidad de Cuidados Intensivos. (Cuando a usted le dicen UCI lo primero que piensa es que se está ante algo grave, que algo no anda bien), ya que había hecho una fuerte fiebre hacia medio día y tomaron hemocultivos que confirmaron una septicemia. 

En este momento la ayuda divina celestial entró en el campo de batalla a jugar de nuestro lado. No fue fácil, hubo momentos difíciles pero siempre con la ayuda de la corte celestial salimos adelante. Los arcángeles Miguel y Rafael todo el tiempo velaron por mi marido en este proceso. También incluyo a Gabriela, una sanadora espectacular que le hacía terapia a Albert desde Chile todas las noches para alinear todos sus chakras. Era impresiónate porque ella me decía lo que encontraba en su cuerpo, que coincidía con lo que encontraban los médicos, sin yo decirle nada; así estuvo Gabriela, su nombre, alrededor de 22 días haciendo terapia desde la distancia. También fue importante en este proceso SAMI un ser de luz que apareció en nuestras vidas unos 2 meses antes  de la emergencia médica de Alberto y MAJO hija de un amigo de Alberto, Aníbal Restrepo, que fue el  canal mediante el cual llegamos a Gabriela en Chile, pues está residenciada allá. 

Una vez realizada la primera intervención en la que le colocan un stent temporal de desagüe, se viene una pancreatitis debido al barro biliar que había en la vesícula, este migro hacia el conducto pancreático y esto, obviamente, complicó la situación. Yo solo pedía oración por mi marido y la divina energía sanadora de Rafael y Miguel en la forma que me enseñó a hacerlo SAMI, mi querida amiga y maestra. 

Transcurrieron 12 días  y finalmente llegó el tan anhelado momento de su cirugía de vesícula. Cuando finalmente sale el médico nos comunica que la cirugía salió bien pero que fue necesario instalarle soporte ventilatorio porque tenía líquido en los pulmones. También nos dice que la vesícula estaba en estado gangrenoso. 

Fue impactante para mí ver a Albert entubado pero yo seguía confiada en Dios padre todopoderoso y en mi corte angelical. Sabía que todo lo que sucedía era perfecto en ese momento. A veces solo queremos buenas nuevas, pero las no tan buenas nos ayudan a sopesar que tan fuerte es nuestra FE en que hay una energía llamada AMOR que es muy fuerte y que todos lo que nos pasa tienen un propósito positivo pues es necesario para la evolución de nuestra alma. Todo el tiempo en la unidad, bajo un pronóstico complicado-estable, le decía a mi marido: El amor infinito que tengo te va a sanar y este amor es tu motor para tu completa sanación. Recuerda que tú eres la medicina, lo que tú piensas, o mejor, lo que tú crees que te va a suceder, tiene alta probabilidad de que sea lo que realmente te pase. 

Con la ayuda de nuestra amiga SAMI fue más sencillo manejar todo este proceso. Todos los días hablábamos por teléfono y me transmitía el mensaje de los ángeles. Todo el tiempo SAMI y su esposo Joseph estuvieron pendientes de Alberto. SAMI en la unidad hacía oración y pedía ayuda a los ángeles para que mi esposo mejorara. Su cónyuge, Joseph, dando todo el tiempo consejos positivos a Albert para que este mantuviera el ánimo positivo: todo va a salir bien, si se puede, para adelante, etcétera. Siempre una voz de aliento, un impulso. Así fuimos creando con SAMI y Joseph vínculos muy cercanos. El cielo siempre escuchó nuestras oraciones. Comprendí que a veces debemos soltar para poder avanzar. En este caso sólo confié y creí que todo es posible incluso cuando la noche era más oscura. Siempre hubo señales y las sigo viendo y creyendo en ellas. “Pon al cielo a trabajar y verás resultados”, eso decía mi amiga y hermana de la luz, SAMI.

Recuerdo el día que los riñones no funcionaron más, se cansaron de toda esa cantidad de antibióticos y líquidos que tenía Alberto.  Hizo una falla renal aguda. En ese momento me desmorone lloré, me queje y le decía a Dios y ahora que…. Si estamos jugando a una prueba dura, pues tírame todas las bolas porque yo las voy a sacar del estadio. Este hombre sale adelante; existía una fuerza interna que me hablaba y me decía que todo iba a estar en perfecta armonía, aunque el panorama no pintara alentador. 

Albert duró 4 días entubado y con respiración asistida. Lo extubaron el día de la virgen de Fátima a quien muchos le habíamos pedido por su sanación, otro milagro. 

Empieza a mejorar cada día más, seguíamos en la unidad de cuidados intensivos hasta que pasa a piso. En este paseo de 22 día en la UCI agarra una infección de origen intrahospitalario, una KPC, y seguimos con nuevo esquema de antibióticos extremadamente fuertes. 

Nos pasan a piso al nueve y estamos allí una semana. Nos dan salida el 27 de mayo para irnos con hospitalización domiciliaria y diálisis fuera de la Fundación Santa Fe. Llegamos a casa con expectativas y miedos, yo pienso que nos dejamos llevar por el temor y nuevamente regresamos a la clínica por un sangrado en el duodeno el día 29 de mayo. En esta segunda entrada Albert se chifloreteo como consecuencia de una encefalopatía metabólica de carácter medicamentoso. Estaba con un tema muy marcado de querer morirse, presuntamente para no condenarme a mí a tener que lidiar con un viejo enfermo y dependiente. 

Llamo a SAMI y le cuento todo y seguimos firmes en oración para que Alberto saliera de ese estado. Estaba completamente perdido, no me reconocía, no se tomaba las pastillas, no era mi Alberto. El 3 de junio me llega un mensaje el cual decía estamos reseteando su cerebro, el milagro esta hecho. La tarea continúa, está preparado. Grandes bendiciones lo iluminan, JOFIEL. 

En esa segunda entrada adquiere otra bacteria por un catéter viejo que traía desde la UCI. Nuevamente más antibióticos. El riñón sin poder recuperar función por el exceso de medicina y antibióticos. Lo vi tan perdido mentalmente que llamé a Santiago Rojas medico bioenergético y amigo de Alberto y me dice que lo que tiene Albert es una desconexión con la vida, y así era en ese momento. Me receta una gotas y empiezo a ponerlas en su ombligo, como él me indicó. Transcurrieron 5 horas y este hombre empieza a llorar como un niño y a conectarse con él mismo.

 

Los médicos decían que esto era un delirium-síndrome confusional, este último teniendo más sentido por todo su proceso y el exceso de medicamentos que fueron necesarios para combatir las infecciones adquiridas. Hicieron resonancias y TAC de su cabeza y todo aparecía normal. Una telemetría que le realizaron arrojó que su cerebro estaba lento. También tenía dificultades para comunicarse verbalmente “hablaba en lengua”, y esto lo desesperaba. Entra en una etapa de mutismo, encierro en sí mismo, en donde no parecía reconocer a nadie. 

Con la colaboración de SAMI, pido ayuda de Nataniel un poderoso Arcángel para que saque a Alberto de este trance y así fue… El sábado 10 de junio este hombre se cae de la cama y mágicamente le vuelve el habla y se va conectando poco a poco con la realidad. Le dan de alta finalmente el 24 de junio y aquí estamos, en casa. 

Su recuperación ha sido milagrosa después de todo lo que tuvo, sus riñones empiezan a mejorar y siguen mejorando. A la fecha de hoy, 10 de octubre lleva aproximadamente dos meses sin diálisis y está plenamente reintegrado al trabajo, capaz físicamente y lúcido mentalmente. 

Pienso que todo el tiempo tuvimos compañía divina. Se creó, además, alrededor de nosotros un círculo de amor formado por las personas que aman a Albert y querían verlo salir adelante, que compartieron con nosotros las angustias que este episodio generó en todos. Entre ellas quiero destacar, además de SAMI y Joseph, la dedicación de su hijo Juan Pablo quien lo acompañó todas las noches que permaneció en cuidados intensivos y todos los días que estuvo en la zona lavanda, abandonando su trabajo para estar cerca de él. María Teresa, su sobrina amada y Carlos su esposo, siempre pendientes de Alberto y de mí, destacando el humor negro de Carlos, que muchas veces nos hizo reír alejando de nosotros pensamientos sombríos. Luz Myriam Ciro, su compañera de trabajo, su fe en Dios, sus oraciones, masajes corporales y solicitudes de ayuda divina a través de personas con contacto cercano a Dios. MAJO, hija de un buen amigo de Albert cuyo comportamiento fue más parecido al de una hija que al de una amiga.  A todos ellos, mi familia, su familia, nuestros amigos, mi madre, mis hijos, GRACIAS, muchas GRACIAS. 

Agradezco también la ayuda económica necesaria para soportar la disminución de ingresos derivada de la inactividad profesional de Alberto recibida de personas cercanas a él, como fueron Carlos Gutiérrez y su compañero de camino espiritual Alberto Betancur y los hijos de Alberto  que estaban en capacidad económica de aportar. Su asistencia fue muy valiosa.

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 Hasta aquí la descripción de Ela, mi esposa, ¿Cómo lo viví yo? 

LA PRIMERA ETAPA: LA UNIDAD DE CUIDADO INTENSIVO 

Durante todo el proceso no fui el que normalmente soy, tuve la mente alterada aunque la perturbación no tuvo la misma intensidad durante los 54 días que permanecí en la Fundación Santa Fe; sin embargo, yo no me daba cuenta. Me percaté de esto cuando me “normalicé” y volví a ser el que usualmente soy.

 

Tuve 3 bacterias, una E. Coli en la unidad de cuidados intensivos que originó la septicemia, una klebsiella pneumoniae de origen intrahospitalario que me acompañó durante la primera parte de mi estadía en la Fundación y un enterococo que penetró por el catéter auxiliar (PIC) durante la segunda parte de mi permanencia en la Clínica.

 

Los antibióticos, unidos al paro renal produjeron una encefalopatía metabólica que se tradujo en delirium, o pérdida parcial de contacto con la realidad. Entraba y salía de ese estado. Cuando emergía me deba cuenta, parcialmente, que no estaba totalmente en mis cabales, pero ese estado de lucidez duraba poco. 

En la unidad de cuidados intensivos viví las siguientes experiencias: 

·    Alucinaciones espaciales: mi entorno volteado 180 grados, visión de zoom -acercamiento visual de objetos lejanos-, los objetos aumentados como si los tuviera cercano a mis ojos. 

·    Sueños alucinatorios: concursos en los que se jugaban altas cantidades de dinero, unido a mi preocupación de si eran juegos reales o tan sólo fantasías. Alcanzaron a preocuparme bastante cuando jugaba y perdía. [Pedía a Ela, mi esposa, que chequeara los saldos en bancos, temiendo que hubieran debitado mi pérdida]. 

·       Sueños, que confundía con la realidad, en los que no podía distinguir si lo que percibía era verdadero o sólo un sueño.[No eran sueños lúcidos porque no tenía consciencia de estar soñando y, por consiguiente, tampoco podía intervenir o direccionar mi sueño]. 

·       Pesadillas en la que enfrentaba el desafío de resolver problemas imaginarios, lo que me dificultaban tener un sueño reparador. Cuando despertaba no era generalmente capaz de definir en qué consistía el problema que no me dejaba dormir tranquilo. 

·      Desespero, en uno de ellos me arranqué un catéter auxiliar [PIC] por el que me extraían sangre para los frecuentes exámenes que me hacían. Desde allí y durante la mayor parte del tiempo que estuve en cuidados intensivos, solicité que se me amarraran las manos antes de dormir. 

Mención especial merece mi delirio principal: Soñar que había muerto, pero que mi autoconsciencia no lo hacía. Yo estaba muerto pero consciente de todo lo que sucedía a mi alrededor, no veía pero oía todo lo que se conversaba en mi entorno. 

En el sueño de la muerte viví varios episodios, uno por noche durante, aproximadamente, siete noches.  Que recuerde, los siguientes: 

·       Ser asesinado para ocultar que PETRO había muerto como consecuencia de una sobredosis de cocaína. Se me quería presentar como drogadicto y asesino de PETRO. En la pesadilla sufría mucho por mi daño reputacional postmortem. 

·       Formar parte de un negocio postmortem basado en que la autoconsciencia permanecía mientras el cuerpo se degradaba. Uno podía contratar ver películas o series, escuchar música, ser hidratado, etc. 

·       Algo relacionado con el futbol, en que mi cadáver era exhibido a la fanaticada y posteriormente abandonado en la morgue. 

·       Etc. 

Me molestaba cuando alguien me despertaba, en particular cuando usaba la frase lo veo muy bien, porque era constatar que aún seguía vivo y, como consecuencia de mis sueños, yo quería estar muerto, descansar, lo que equivalía a perder la autoconsciencia. 

Las pesadillas se volvieron más filosóficas. Imaginé juegos en los que era posible encontrar la pareja perfecta, conspiraciones espirituales donde un grupo de elegidos manejaban colectivamente los procesos evolutivos de la humanidad, etc. 

Seguía en mis pesadillas en las que estaba muerto, mi cadáver finalmente se degrada del todo y mi conocimiento, la experiencia de haber sido Alberto Merlano, era absorbido por la  NATURALEZA y mi autoconciencia, de la que derivo mi identidad, desaparecía. En la pesadilla constataba que el universo no era consciente de mí como individuo y que su interés era crear, mantener y desarrollar la vida. Experimenté mucha angustia al no encontrarme con Dios como ser amoroso que vela por sus criaturas, me arrodillé en mi sueño y le pedí a ese Dios de mis creencias, que no permitiera que llegara a odiarlo. Me sentí vulnerable e infantil al permitirme vivir en el engaño de creer en un Dios personal que se relacionaba de tú a tú conmigo. [Los niños indígenas perdidos en la selva -la noticia de esos días- que me hizo pensar en la indiferencia de la naturaleza ante el sufrimiento humano, pudo influir en este final tan dramático]. 

Todo lo anterior me cuestionó muchísimo sobre mis creencias espirituales y en particular sobre la existencia de HEMATÍAS, nombre que le doy a mi presunto maestro e interlocutor en la dimensión espiritual. No es posible describir la angustia que experimenté al ver agrietarse mis apuestas[1] filosóficas, en particular la no existencia de un Dios personal y, sobre todo,  la falta de amor y de compasión del universo.

Comencé a resistir la FE de algunos de los que me asistían espiritualmente como SAMI, Luz Myriam Ciro, una buena amiga; TITA, mi suegra,  ELA, mi esposa, etc. A ratos volvía a aferrarme a mis creencias tratando de mantener mis apuestas espirituales, a la larga, aún si salir de la Fundación Santa Fe y con la mente funcionando a media marcha, las confirmé como apuestas con moderada probabilidad de ser cierta. 

Con el correr de los días, poco a poco fue renaciendo en mí la esperanza en la existencia de un Dios impersonal, uno con la naturaleza y, en última, con todo lo que ES, cuyo móvil es el amor.[2] Esto lo originó el  darme cuenta de que en nosotros, los seres humanos, el universo se vuelve consciente  de sí mismo siendo capaz de experimentar amor y compasión. Somos, en el planeta tierra, la manifestación más avanzada del proceso evolutivo de la naturaleza. Todo no estaba perdido. También me di cuenta de que al recorrer en mis ensoñaciones el camino de los ateos, en particular el de Richard Dawkins, estaba perfeccionando mi modelo de materialismo espiritual en su primera opción: materialismo científico o místico.[3]

Agradecí la paciencia y el amor con el que fui tratado por enfermeras y enfermeros, la solidaridad de todos los que se preocuparon por mi enfermedad. De aquellos que fueron a visitarme, sus oraciones, la devoción, fortaleza y fe de Ela, la presencia de mis 5 hijos en particular la de Juan Pablo. [Los 4 que viven en Estados Unidos vinieron a verme y, de ser necesario, a despedirse de su padre. Juan Pablo se quedó mucho más tiempo, me acompañó en las noches mientras estuve en cuidados  intensivos, manejo con paciencia y sabiduría mi alejamiento mental de la realidad y me hizo sentir amado y con ganas de seguir viviendo. Me acompañó también durante todo el tiempo que estuve en la zona lavanda, pasando el día junto a mí]. También es merecedora de agradecimiento mi sobrina María Teresa, su liderazgo, carácter e inteligencia fue de gran soporte para Ela, su dedicación a mí dedicándome mucho de su valioso tiempo y complicada agenda. La permanente preocupación de mi amiga Luz Miriam Ciro, sus oraciones, sus contactos con personas especialmente bendecidas por Dios llamaron profundamente mi atención. Ni qué decir de SAMI, fundamental en todo este proceso, que apareció en mi vida dos meses antes de que todo lo relatado en este artículo pasara, sirviéndonos a Ela y a mí de apoyo durante todo el transcurso de la enfermedad. La devoción y amor de todos ellos, tocaron las más íntimas fibras de mi corazón y de mi alma. Les estaré eternamente agradecido por su presencia y amor durante todo el tiempo que permanecí hospitalizado. 

Finalmente pude ser operado de la vesícula. Me dieron de alta después de derrotar la septicemia. Se me dio la casa por hospital y salí faltando algunos días para terminar el tratamiento con antibióticos para eliminar lo que aún quedaba de la bacteria intrahospitalaria, adquirida después de superar la septicemia. 

LA SEGUNDA ETAPA: LA ZONA LAVANDA 

A los dos días de estar en casa empezó a sangrar el duodeno. Las heces salían negras. Nuevamente hubo necesidad de regresar a la Fundación Santa Fe. 

No había habitaciones disponibles y tuve que pernoctar en URGENCIAS. Una atención de enfermería displicente, una habitación poco amigable, en fin, estimuló que se apoderase de mí no sólo el deseo de morir sino ayudar que así fuese. La encefalopatía metabólica de origen medicamentoso y el delirium volvieron a aparecer, esta vez más intensa que durante mi estadía en cuidados intensivos. 

Vi a Ela casada con un cincuentón, rico, muy activo sexualmente, dedicado a llevarla a viajar por el mundo. No entendía como podía estar casada con él y seguirme atendiendo a mí y lamentaba que por haberse vuelto a casar, estando yo vivo, perdería la sustitución pensional. No sentí celos, bajo el supuesto que iba a morir me alegraba el que ella quedara organizada. Le pregunté sobre esto, se aclaró el tema, pero no hizo desaparecer la idea de dejarme morir. Consideré que esto era lo mejor para no castigar a Ela con sus 42 años a cuidar a un viejo enfermo de 81 años, condenado a diálisis de por vida, 3 sesiones semanales, sin poder trabajar, presumiblemente impotente. Veía esta decisión como un acto de amor, algo que aunque ella no entendiera, llegaría a con el tiempo a agradecer. De no hacerlo, pensaba, su amor se transformaría en algo parecido al odio y anhelaría mi muerte para recuperar su libertad. 

Mi manifestación a médicos y enfermeras de mi deseo de que me dejasen morir, unido al episodio de la quitada del catéter auxiliar por el que me sacaban sangre – PIC - cuando estaba en la zona de cuidados intensivos, motivó que me trasladaran al pabellón psiquiátrico de la Fundación Santa Fe, llamada zona LAVANDA en el que podía estar más vigilado. 

Inicié una resistencia activa para evitar que se me dieran medicamentos, alimentarme o que se me hiciera diálisis, simplemente quería morir. 

Juan Pablo, mi hijo amado, seguía allí, acompañándome de día, lidiando mi locura con una paciencia y un tino infinito. Por la noche tenía una enfermera contratada por ECOPETROL la empresa a cargo de mi salud. 

Se vencía el plazo para  pagar a la DIAN unos impuestos con un descuento en los intereses y multas del 50% y le pedí a Ela, mi esposa, que no los pagara porque yo iba a morir y ella necesitaría ese dinero. No sólo no me hizo caso sino que rechazó las razones que le di para insistir en que era lo mejor para ella. Me llamó farsante porque no era consistente con mis enseñanzas escritas y difundida en mis clases y conferencias, ni con mi filosofía de vida. También cobarde por no enfrentar los desafíos que la vida me estaba presentando. Ese no era el Alberto con el que se había casado. Me forzó a alimentarme, tomar mis medicamentos, a asistir a la diálisis y hasta a bañarme. Igualmente, tanto en la Zona de Cuidados Intensivos como en la Zona Lavanda, impidió que se acercaran a mí personas pesimistas que me veían a punto de morir, en lugar de apostar que iba a vivir. Fue la heroína de toda esta experiencia, mostrando una FE y una fortaleza que me sorprendieron y avivó aún más el amor y el agradecimiento que experimento hacia ella. 

Mi amigo médico, Leonardo Perea, con quien había tenido tertulias y conocía mis escritos y forma de pensar, fue muy acertado en la forma en que manejó mi intento de no cooperar con la labor de los médicos para irme de esta dimensión y dejar a Ela, mi esposa, en libertad de rehacer su vida. Mediante la aceptación de mi decisión y con el pretexto de ayudarme a cumplirla, me hizo ver que no era posible morirme en el hospital, principalmente porque es tarea de los médicos, derivada de su juramento hipocrático, mantenerme con vida y no podían ayudarme a morir sin el cumplimiento de unos exigentes requisitos: certificación de que estaba en buen estado de salud mental de parte de psiquiatría, constancia autenticada ante notario de mi voluntad de entrar en un proceso de muerte asistida, aprobación de un comité de ética médica, de mi solicitud, asunto de difícil obtención porque yo no tenía una enfermedad terminal ni estaba sufriendo de intensos dolores. La conclusión a la que llegaba Leonardo era clara: si quería morir debía sanarme para que se me diese de alta y se me mandase a la casa. Allí de forma decorosa podía dejarme morir o suicidarme usando un método “digno”. Sugería, en caso de que insistiese en auto eliminarme, el harakiri de los japoneses, en el cual prima el honor  sobre el deshonor, siendo un método elegante y, si se hace bien, incruento. 

Acepté, empecé a colaborar con los médicos y enfermeras y me olvidé del tema.[Algo curioso, una vez “me olvidaba de un tema” este no volvía a aparecer y otro “tema”, tomaba su lugar].

 En esta segunda estadía estuve fuera de la realidad, pero a diferencia de la anterior los tiempos de lucidez en los que me daba cuenta de esto sólo se dieron al final de mi estadía en la Fundación, aunque si recuerdo mucho de lo que viví, cosa que a mi psiquiatra de la Santa Fe le parece curioso, pues no es usual, lo común es que al recobrar la normalidad el período de locura o delirium quedé en blanco. 

Una muestra de lo que recuerdo: 

·       Parte del tiempo pensaba que estaba en un hotel 5 estrellas o en una finca. 

·       Todos mis nietos que viven en el exterior iban a venir a verme. 

·       Hubo un tiroteo en el Hospital, en él estaba envuelto mi hijo Juan Pablo. 

·       Mi hijo Juan Pablo había matado a mi otro hijo José Manuel o a la inversa, pues no era capaz de ver quién había matado a quién. 

Las “realidades” de estas fantasías o delirium me angustiaban mientras duraban, cuando desaparecían volvía a la “normalidad” y no me preocupaba por ellos, aunque los recordaba. Es como si los relegara al inconsciente pudiendo sacarlos de allí a voluntad, pero sólo como recuerdos. Similar a lo que pasó con mi deseo de dejarme morir para liberar a Ela, mi esposa, de mí. 

Tuve un comportamiento grosero y hasta violento con personas cercanas a mí: le pegué en la cara a mi nuera, Sandra, mordí a Ela cuando trataba de darme a la fuerza medicamentos que me negaba a tomar, no me dejé acariciar de mi suegra TITA, etc. [De estas conductas no me acuerdo, me las relataron]. 

Finalmente un amanecer en que estaba solo en mi habitación creyendo que la tierra estaba temblando me lancé de la cama, choqué con la baranda y me estrellé contra el suelo abriéndome una profunda herida en la ceja derecha. 

Después de este golpe retorné en forma acelerada al mundo real y volví a la normalidad, pero apareció una nueva complicación: imposibilidad de comunicarme con los demás. Quería hablar y lo hacía pero no podía hilvanar un discurso coherente. Tampoco encontraba las palabras para expresar lo que pensaba y en ocasiones tenía dificultad para entender lo que los demás me decían. En expresión de Ela, mi esposa: “era como si hablaras en lenguas”. En un período de 3 días me normalizaba a través de un proceso gradual de recordar palabras y de poderme comunicar nuevamente con fluidez. Este fenómeno ocurrió en dos oportunidades aunque se volvió tema recurrente de mis pesadillas. Fue diagnosticado como un trastorno derivado de una perturbación del lóbulo superior izquierdo en la zona relacionada con el lenguaje [También lo llamaron TIRDA] y me recetaron un medicamento psiquiátrico de largo período de adaptación relacionado con el control de la epilepsia, lacosamida 100 tomado, dos veces al día con dosis de refuerzo los días de diálisis. Los efectos secundarios somnolencia y mareos en  particular el segundo, fueron muy intensos. Finalmente ya en casa en una cita de control con neurología, se revisó el diagnóstico y me suspendieron la droga, con notoria mejoría para mi salud al desaparecer la sensación de mareo con la que vivía permanentemente. 

REGRESO A CASA 

El 24 de junio, casi a los dos meses de haber iniciado esta odisea, regresé a casa. Lo hice con mucho temor, me sentía seguro en la Fundación Santa Fe por tener a mi disposición médicos, enfermeras y tecnología para atender mis necesidades, de las que carecería en mi hogar. Sin embargo, este sentimiento duró poco gracias a la dedicación y amor de Ela, mi esposa. 

Entré en lo que denominé tiempo de PAUSA. No tenía ganas de hacer nada, ni siquiera poner al día el e. Mail y el WhatsApp ni comenzar a reconectarme con mis actividades profesionales. Tampoco volví a mi practica usual de sentarme frente al computador y reflexionar sobre mi vida, dialogando con mi maestro imaginario, HEMATÍAS. No era depresión sino algo similar al estado de calma mental que ocurre en la meditación contemplativa. Fueron muchas las horas de estar sentado, PRESENTE, en las que simplemente estaba allí, en el aquí y en el ahora. Disfrutaba de conversar con quienes me visitaban, pues era una forma de explorar lo que había pasado y el estado de mi elucubraciones inconscientes volviéndolas palabras, sorprendiéndome yo mismo de lo que a veces les decía a mis interlocutores. 

Poco a poco, sin que mediara una decisión consciente mía ni hubiese un punto de quiebre que yo pueda detectar, fui pasando de la contemplación a la acción. Me fui poniendo al día con correos y mensajes y comencé a reintegrarme a mis actividades cotidianas. La normalidad volvió a mi vida.

Regresé muy débil al hogar, no podía caminar 20 metros sin cansarme. Al mes ya caminaba 1.5 kilómetros. A esto ayudó mucho las sesiones de terapia física con una instructora contratada por ECOPETROL. 

El proceso de recuperación fue rápido, aun en el caso del riñón que a partir del regreso a mi casa empezó a procesar líquidos, llegando a niveles de orina entre 2.000 y 3.000 c/c diarios. Finalmente el 27 de agosto, aproximadamente a los 2 meses del retorno a casa me retiraron el catéter y me suspendieron indefinidamente la diálisis. Así ha seguido hasta la fecha con una dieta 80% vegana y 20% vegetariana – en ocasiones especiales -. 

Mientras estuve en diálisis me fue muy útil mi práctica de lograr lo que quiero o dejar de quererlo, basada en la aceptación de lo que no puedo cambiar y de concentrarme en aquello que está bajo mi control. Acataba las instrucciones del nefrólogo, Dr. Elías García, con la esperanza de recuperar plenamente la función renal, pero estaba preparado para lo peor, la posibilidad de que tuviese que acudir a la diálisis hasta el final de mis días. 

Cuando me suspendieron la diálisis, que me regulaba la presión sin necesidad de medicamentos y mientras mi nefrólogo trataba de encontrar el fármaco y la dosis adecuada para controlarla, en tres ocasiones se subió a 220 y volví a experimentar la pérdida de la conexión entre el pensamiento y el habla, menos intensas que las que tuve en la zona lavanda de la Fundación Santa Fe, pues desaparecía en cuestión de minutos, cuando la presión comenzaba a normalizarse. Nuevos exámenes usando video - telemetría, no detectaron ninguna anormalidad física. 

A partir del 1 de agosto, aproximadamente al mes de haber regresado a casa, comencé a reasumir plenamente mis actividades profesionales. Hoy mi vida transcurre en forma normal no habiendo quedado secuelas de lo vivido, salvo una creatinina aún muy alta en comparación con el nivel en el que estaba antes de ingresar a la Fundación Santa Fe. 

La recuperación fue mucho más rápida de lo que yo esperaba, en particular la de los riñones. Espero continuar así y aprovechar en forma productiva la extensión de mi visa de residencia en el planeta tierra. 

CONCLUSIONES DE LA EXPERIENCIA 

1.   No validé ninguna de las vivencias, relatadas en los libros, relacionadas con lo que sucede en algunos casos de muerte clínica y que documenté en mi artículo “La vida después de la muerte”,[4] repartido a la lista de mis lectores de temas espirituales, dos días antes de que viviera en carne propia el proceso relatado en estas páginas, mas yo no viví la experiencia de la muerte clínica. Transité, sí, en mis sueños semidespierto por el presumible mundo postmortem de un ateo: la pérdida total de la autoconsciencia. [No  soy ateo]. 

2.   HEMATÍAS, mi interlocutor imaginario en el mundo espiritual, no se hizo presente en los momentos más críticos de la experiencia, por el contrario, estuvo ausente durante la mayor parte de esta; de hecho, después de salir de la Fundación Santa Fe, se me dificultó convocarlo para sostener nuestros fecundos diálogos imaginarios. 

3.   Estuve embotado mentalmente la mayor parte del tiempo que estuve en la Santa Fe. Eso lo puedo ver ahora, pero en la Fundación yo me sentía muy lúcido y coherente. Hoy percibo que no captaba falencias lógicas de mis sueños y del mundo ilusorio en el que viví bastante rato; ejemplos: la no consideración de la cremación en los sueños en la que la autoconsciencia sólo moría al degradarse el cuerpo, la forma en que percibía el futuro, cargado de pesimismo, el modo en que pasaba de un estado de delirium a otro o a la normalidad, etc. 

Un caso claro de esta distorsión inconsciente de mi marco mental es mi posición ante la diálisis. Mi visión de esta, mientras estuve internado, equivalía a una condena en vida, hasta el punto de que era preferible la muerte a obligar a lidiar a Ela, mi esposa, con un viejo enfermo incapaz de valerse por sí mismo. Al regresar a mi hogar y recuperar mi estado normal, mi percepción cambió, percibiendo la diálisis como un precio muy bajo que había que pagar para continuar vivo y seguir disfrutando de la existencia. Aprendí a manejarla, poniendo las sesiones al final de la tarde, de 4 a 8 pm, de modo tal que no partiese mi jornada laboral, no haciendo siesta los día de diálisis y durmiendo una hora mientras me la practicaban, aprendiendo a manejar el iPad para ver películas y documentales, leyendo, pensando y, en mi caso, hasta dialogando con una médica de calidad humana extraordinaria a cargo de la unidad de diálisis, con intereses intelectuales y espirituales similares a los míos, María Mercedes Lagos Báez. La llegué a considerar parte de mi rutina semanal. Me alegra no depender de ella y agradezco en particular al nefrólogo Elías García su inteligencia, vocación de servicio y capacidad de asumir riesgo, el que con su visión orientada más hacia la salud que hacia el manejo de la enfermedad, dirigiera el proceso de recuperación de mis riñones en la forma tan acertada como lo hizo. 

También, mirando retrospectivamente, me percato de que mi inconsciente siempre supe que sobreviviría a la experiencia, aun en los momentos en que conscientemente quise morirme. 

4.   Antes de esta experiencia pensaba, posiblemente por mi experiencia con el mindfulness, que el YO al calmar la mente y suspender los sentipensamientos[5] por un tiempo variable según el momento y la experiencia del meditador, podía observar no sólo lo que pasaba en el cuerpo, sino lo que pasaba en la mente, separando el YO observador de la  mente  y los sentimientos observados. Pues bien, esto que es posible para un meditador avanzado, no lo vi como posible en mi experiencia con la encefalopatía metabólica de origen medicamentoso, aunque yo creía que sí cuando viví la experiencia, hoy al recordarla veo que no. El YO que observa se ve influenciado no solo por lo que observa: pensamiento y sentimientos, sino también por el mapa de creencias que se tiene. Empecé a comprender mejor aquello de que no se puede pensar por fuera del propio paradigma o mapa de creencias, pero si se puede intuir por fuera de él. [Ver anexo] 

Un ejemplo para explicar esto con más claridad: Durante mi tiempo en la zona lavanda estaba perturbado mentalmente, pero yo no me daba cuenta porque no tenía con que compararme. Cuando me observaba -porque conservé la capacidad de autoobservación, de pronto por mi buena inteligencia intrapersonal y mi práctica meditativa- no me percataba de que mi mapa de creencias -lo que percibía como real y normal- era falso o deficiente. Sólo ahora, con un mapa de creencias distinto y con el recuerdo de lo que hice en la Fundación, teniendo por lo tanto un punto de comparación, me percato de lo anormal de mi conducta pasada. Por ello entiendo mejor la primera parte de la afirmación citada anteriormente de que no se puede pensar por fuera del propio paradigma o mapa de creencias. 

Analizaba lo anterior con un colega y de repente, cuando le dije que me percaté de lo perturbado mentalmente que estaba en la zona lavanda sólo cuando comparé el marco de referencia que estaba usando en ella con mi recuperado mapa de creencia NORMAL, me asaltó la pregunta ¿Cómo sé que lo que yo considero NORMAL es real o verdadero? Y la respuesta a la que llegué es que no lo sé, salvo que lo que se considera NORMAL pudiese definirse objetivamente. 

Yo ya había hecho este ejercicio antes en la eterna discusión con mis colegas sobre lo que es la VERDAD llegando a la conclusión de que en últimas nuestras verdades, aún las científicas se sustentan sobre axiomas o postulados por definición indemostrables, respaldándose su validez en que eran evidentes a los sentidos o a la razón. Hoy sabemos que ni los sentidos ni la razón son infalibles, que la realidad material es una percepción sobre la que existe consenso, lo que no significa que no exista sino que la forma en la que se nos presenta depende de nuestros sentidos y de la interpretación de nuestro cerebro. Ni aun en la ciencia hay verdades definitivas, sino procesos para ir acercándonos a ella, pudiendo ser “falseada” por nuevos descubrimientos en cualquier momento. 

Mis VERDADES, mi NORMALIDAD, son apuestas a la que le otorgo presunción de veracidad a lo que es incierto, una apuesta compartida con muchos: mi colectividad, mis colegas, que son los referentes de la verdad aceptada en el campo profesional, o la CULTURA, que es la verdad de la comunidad a la que pertenezco, el referente social. 

    Todo lo anterior conduce a no estar demasiado seguro del propio marco de referencia, el paradigma profesional o el mapa de creencia culturales y  apunta a aceptar la segunda parte de la afirmación “pero si se puede intuir por fuera de él”. 

    La idea básica detrás de esta frase parece ser que nuestras creencias y suposiciones (nuestro paradigma o mapa de creencias) pueden limitar nuestra capacidad de pensar de manera completamente objetiva, pero aún podemos tener intuiciones o insights que nos lleven más allá de esas limitaciones liberándonos del encajonamiento mental de nuestros paradigmas culturales y profesionales o de nuestro mapa de creencias. A veces nuestras intuiciones pueden conectarnos con nuevas perspectivas o paradigmas distintos al propio. Destaca la importancia de ponerle atención al igual que a las dudas, a los cuestionamientos, que confrontan nuestros paradigmas profesionales y culturales y nuestros mapas de creencias personales. Refuerza igualmente el valor del trabajo interdisciplinario, buscar opiniones fuera de nuestro campo de experticia y el explorar lo que desafía nuestros paradigmas y creencias más arraigadas. 

Me he vuelto más “open mind”, menos dogmático, más abierto a escuchar esa vocecita interna que me cuestiona, a trabajar más en equipo, a explorar, en resumen, las verdades que me escandalizan porque ponen en duda lo establecido y me estimulan a mirar más allá de las “verdades” con las que me he familiarizado, retándome a sentipensar y a actuar de modo diferente. 

5.    El AGNOSTICISMO es la posición filosófica y existencial con la que más me siento cómodo, tal vez debido a mi vinculación de toda mi vida profesional con la academia y su tendencia a trabajar dentro de los marcos de la ciencia y la razón, pero ¿Cómo combinar esto con mi fuerte tendencia a creer en un Dios amoroso, creador y administrador de un universo con el que se confunde, la supervivencia de la autoconsciencia después de la muerte, la existencia de una realidad espiritual paralela a esta, el sentido trascendente de la creación y de la existencia humana, etcétera? 

El concepto de APUESTA de Edgar Morin, que expliqué anteriormente en la nota de pie de página número 1 de este trabajo, fue de mucha utilidad para esto, pues me permitió “apostarle” a concepciones espirituales compatibles con la ciencia y la razón. 

Usando el concepto de apuesta he construido a lo largo de mi vida toda una metafísica que he denominado MATERIALISMO ESPIRITUAL y del que hay un breve resumen explicativo mencionado en la nota de pie de página número 2 de estas reflexiones, que se basa, entre otras, en las siguientes premisas: 

·       El método científico puede aplicarse a las denominadas ciencias noéticas o ciencias del espíritu.[6] 

·     Cualquier conocimiento espiritual que valga la pena debe ser consistente con la ciencia y la razón, no en el sentido de que estás lo prueben, sino que no le sea contrario. 

·     El materialismo científico es el mejor modo de acercarse a una espiritualidad basada en la ciencia y en la razón y desarrollar la llamada conciencia mística, basada en la unidad de todo lo que existe, fundamentado en que todo lo que hay es energía que ni se crea ni se destruye, sólo se transforma. 

En el desarrollo de esta aproximación a la espiritualidad en donde la ciencia y la razón son los instrumentos de búsqueda y de validación de los hallazgos espirituales, encontré tres niveles de materialismo, a saber: 

·    Materialismo místico que construye una espiritualidad ajustada al paradigma materialista ortodoxo; es decir, que no les da cabida a teorías científicas alternativas aún no probadas. La muerte es “el sueño eterno”, la pérdida irreversible de la autoconciencia. 

·   Materialismo esotérico que usa aportes del paradigma científico alternativo contemporáneo con buen respaldo académico, pero aún no incorporadas al paradigma ortodoxo, tales como: 

Ø  La teoría de cuerdas. 

Ø  La hipótesis de la resonancia mórfica de Rupert Sheldrake. 

Ø  El universo mental planteado por Heisenberg, Schrödinger, Jeans, Planck, Pauli, Eddington, defendido en la actualidad por  Richard Conn  Henry, astrofísico y profesor en la Universidad Johns Hopkins, que ha escrito sobre su creencia en la naturaleza no material de la realidad y la relación entre la conciencia y el universo físico. 

Ø  La interpretación de Copenhague de la dualidad onda partículas que otorga gran protagonismo a la conciencia en la creación y manipulación de la realidad con la que interactuamos. 

Ø  La consciencia como inmanente al universo, o pansiquismo, liderada en la actualidad por el filósofo David Chalmers.[7] 

Ø  Etcétera.

En esta alternativa al morir la información acumulada por la persona puede tener dos destinos: fundirse con la información de la especie, según planteamiento de R. Sheldrake, o mantenerse individualizada. [En esta última opción, es posible también apostarle a la permanencia de la autoconsciencia]. 

·       Materialismo religioso en el que se analizan las principales religiones contemporáneas en el mundo occidental desde la perspectiva de su ajuste a la ciencia y la razón [Judaísmo, cristianismo, islamismo y budismo] y se hace una invitación a apostarle a la posibilidad de que exista una dimensión espiritual cuyas reglas de juego sea posible deducir a la luz de las conductas individuales y sociales que inciden positivamente en la felicidad humana y la aplicación del método científico a las experiencias espirituales. 

En esta alternativa al morir se le apuesta a la existencia de una dimensión espiritual coincidente con lo que la investigación señala como probable que exista que puede o no ser similar a lo que algunas religiones predican. 

En lo personal le apuesto al materialismo religioso en una versión muy personal  que se asemeja  al budismo, pero que no es igual a él. 

Toda mi apuesta espiritual se puso a prueba durante el tiempo que estuve internado en la Fundación Santa Fe y esto me llevó a reflexionar sobre las limitaciones de la APUESTA, propia del materialismo religioso, en oposición a la FE de la religiones y de las visiones espirituales no religiosas. 

Dos días antes de ser internado en la Fundación Santa Fe antes había distribuido a mis lectores de temas espirituales un artículo de mi autoría titulado La vida después de la muerte[8] en la que después de leer más de 45 libros, relacionados con el tema, resumía lo que en ellos había encontrado. 

No viví ninguna de las experiencias de “casi muerte” presentadas en mi resumen, aunque hay que tener en cuenta que  estas se presentan cuando existe una muerte clínica y yo no la tuve, pero tampoco se presentó ninguna experiencia de carácter espiritual afín con mi apuesta metafísica, lo cual me produjo cierto desconcierto porque yo esperaba tenerla. Lo más cercano a experiencia espiritual fue la seguidilla de sueños en la duermevela de la zona de cuidados intensivos en las que me veía muerto pero autoconsciente, hasta finalmente ser absorbido por una naturaleza indiferente a los seres humanos, sólo interesada en crear, mantener y desarrollar la vida, su propia vida porque ella, la naturaleza, era todo lo que existía. Esta experiencia se asimilaba más a la visión materialista atea defendida, entre otros, por Richard Dawkins[9] y Christopher Hitchens.[10] 

Atravesé durante toda la experiencia por un desierto espiritual, una zona de oscuridad, y me percaté, cuando pude comenzar a reflexionar sobre la experiencia, que las APUESTAS ayudan poco en circunstancias donde la vida está en juego, allí sólo ayuda la FE y yo por mi formación agnóstica carecía de ella, en cambio Ela, mi esposa, algunas de nuestras amistades, varios de mis hijos e hijas, nunca contemplaron la posibilidad de mi muerte, las asistía la FE en que pasara lo que pasara conmigo, sobreviviría. Esta FE fue particularmente fuerte en Ela, mi esposa, en SAMI una de nuestras amigas más cercanas y espirituales y en mi hijo Juan Pablo. Para otras, como mi amiga Luz Miriam Ciro, su FE en la oración y en entes espirituales, las llenaba de esperanza en mi supervivencia. Para ellos el que haya sobrevivido y mi rápida recuperación son un milagro. Yo, también estoy tentado a creer lo mismo, pero mi talante agnóstico me impide dar el salto de la APUESTA a la FE, sin embargo, una puerta se ha abierto entre la FE y la ciencia: la interpretación de Copenhague de la física cuántica. Esta es una de las explicaciones más conocidas y ampliamente discutidas de la mecánica cuántica, la teoría que describe el comportamiento de las partículas subatómicas, formulada por varios físicos, incluyendo a Niels Bohr y Werner Heisenberg, en la década de 1920 en Copenhague, Dinamarca, de ahí su nombre. 

La interpretación de Copenhague sostiene que una partícula en un estado cuántico no tiene propiedades definidas hasta que se observe. En lugar de tener una posición y un lugar bien definidos, una partícula en un estado cuántico se describe mediante una función de onda que representa la probabilidad de encontrarla en diferentes posiciones y momentos. Cuando se realiza una observación, la función de onda colapsa instantáneamente en uno de los posibles estados y la partícula adquiere propiedades definidas. De allí se deduce que la es la conciencia al relacionarse con la realidad, la que determina cómo se manifiesta esta. 

Esta interpretación ha sido objeto de debate y discusión durante décadas y sigue siendo una parte fundamental de la física cuántica y no ha sido descartada aunque existen otras interpretaciones que ofrecen enfoques diferentes para abordar los fenómenos cuánticos. 

Joe Dispenza un autor, conferencista y educador estadounidense que se ha destacado en el campo del desarrollo personal y la espiritualidad y cuyo trabajo se centra en la neurociencia, la auto programación y la transformación personal, mantiene la tesis de que es posible cambiar y transformar la realidad material a través de la definición clara de un propósito y la FE en que lo queremos se dará.[11] Para ello se basa en la interpretación de Copenhague. 

Si esto es cierto no sería Dios quien haría milagros sino los seres humanos quienes en virtud de su intención y FE pueden influir y hasta determinar la realidad material. Esta interpretación le proporciona una enorme fuerza a la FE, de hecho su impacto en los resultados ha sido bien estudiado en medicina en el conocido efecto placebo. 

En lo personal no creo que la mente pueda crear la realidad material sin la intervención de la acción de agentes humanos; es decir, que el solo deseo o intención y la FE no bastan, pero sí creo que inciden en las propias realizaciones y hallo altamente probable  que afecte la mente grupal, influyendo, a través de las decisiones humanas,  en la creación de realidades materiales.[12] Puedo, en consecuencia, apostarle al poder de la intención, o propósito, acompañado de la FE, entendida como certidumbre de lo incierto. La mente influye fuertemente en la creación de la realidad material, pero sola, pienso que queda limitada a los logros mentales. 

Por lo pronto me queda la sensación de que en momentos de emergencia, cuando uno se debate entre la vida y la muerte, la FE en la sobrevivencia, independientemente de a qué se aferre uno, Dios, la virgen María, los ángeles, las teorías de Joe Dispenza, etcétera, es muy superior a la APUESTA, pues esta se alimenta de la duda, de la incertidumbre sobre si es o no es y la FE de certeza, y es esta, y no la APUESTA, la que unida a la claridad del propósito y acompañada de la acción la que puede “mover montañas”. 

¿Cómo calificar, en últimas, el haber salido vivo de la experiencia y mi rápida recuperación: milagro, procesos normales favorecidos por una excelente atención médica y un excelente grupo de apoyo, azar, etcétera? Le apuesto al MILAGRO, pero no estoy seguro. [Ese es el significado de APOSTAR]. 

El milagro se podría descartar – de hecho no se puede probar – si atribuimos el haber salido vivo de la experiencia y mi rápida recuperación a causas naturales. Incluso podría no ser considerado como un milagro si lo sucedido se debe a que simplemente con la FE de quienes la tenían y las oraciones de todos los que me aman, alteraron la realidad permitiéndome vivir, pues en este caso simplemente movilizaron las energías del universo en torno a mi curación [Tesis de Joe Dispenza], algo que hoy la ciencia ortodoxa rechaza, pero que mañana podría aceptar. Otra cosa sería si la conservación de la vida y la recuperación fuese debida a la intervención de seres de la dimensión espiritual, maestros o ángeles, que no es posible probar. 

Pienso que todo lo que nos pasa puede ser usado para crecer espiritualmente, pero no creo que TODO esté predeterminado para catalizar nuestro desarrollo espiritual; por ejemplo: el pasajero que se sienta a mi lado en un avión o la persona con la que me tropiezo en una aglomeración en un centro comercial, son eventos azarosos, sin ningún fin predeterminado orientado hacia la evolución de nuestro ser. En mi apuesta espiritual hay eventos predeterminados que no son casuales, pero no TODOS. Creer lo contrario me lleva a un mundo en el que somos marionetas de nuestros maestros espirituales desencarnados. El azar tiene su papel en el universo, mas no todo lo que nos sucede es  producto del azar, aunque puede ser usado para impulsar el desarrollo de nuestra alma. No comparto, por lo tanto, la afirmación de algunos maestros espirituales de que NADA es azar. En este sentido soy discípulo de Heisenberg con su famoso principio de incertidumbre, que establece que esta es inherente a la naturaleza del universo, no siendo el resultado de errores experimentales, limitaciones tecnológicas o de la falibilidad humana, sino característica fundamental de la vida misma. 

Dicho esto veo esto veo mi episodio de casi muerte como un tema en la que se conjugan elementos causales que lo precipitan: deterioro de la vesícula con la dificultad de atender de inmediato la emergencia por estar anticoagulado, no necesariamente predeterminado por entes espirituales. Esto genera una serie de complicaciones, que casi me cuestan la vida, que he usado para avanzar en conciencia y seguir creciendo espiritualmente reseteando mis creencias. No descarto la intervención de entes espirituales en haber sobrevivido y, sobre todo, en haberme recuperado tan rápidamente, pero también creo que el universo es tremendamente eficiente. En mi apuesta, mantenemos la vida mientras nuestra existencia permite que nuestra alma siga evolucionando y/o seamos útiles para el desarrollo de las almas con las que nos interrelacionamos. En términos económicos, mientras la “utilidad marginal” de la continuidad de nuestra existencia, valga la pena. Esta norma general puede verse alterada por los aprendizajes derivados del karma; ejemplo: ser asesinados cuando apenas comenzamos a vivir viéndose truncado nuestro aprendizaje o, en un caso distinto, cuando nuestra muerte es necesaria para promover la autonomía de quienes dependen de nosotros. 

¿Me generaría alguna obligación con la sociedad,  en caso de que mi supervivencia y recuperación se debiera a la intervención de entes de la dimensión espiritual? 

En mi marco de referencia lo que recibimos del otro lado, si algo recibimos, es gratuito, no se nos impone tarea alguna, nuestro libre albedrío se respeta. Si se me permitió continuar en esta dimensión es porque aún puedo aprovechar esta encarnación para continuar evolucionando en consciencia y/o porque las personas relacionadas conmigo se pueden ver beneficiadas en su evolución  por lo que yo haga, en mi caso, continuar escribiendo y compartiendo con los demás mi producción intelectual, mis clases y asesorías, sin que ningún ente de otra dimensión me lo exija en contraprestación, si se da es algo que yo me impongo a mí mismo por gratitud o cualquier otra razón, no una exigencia del más allá.  

LOS CAMBIOS PERSONALES 

No sé cuántos años de vida me quedan, pero quiero vivirlos a plenitud y para ello, como consecuencia de la experiencia tenida, deseo realizar algunos cambios en mi forma de vivirlos. 

1.   Integrar la dimensión económica a mis actividades profesionales. Hasta el momento había resistido hacerlo, procuraba que esto fuese un subproducto de una tarea profesional que sentía verdadero gusto de realizar. Me doy cuenta de que lo económico es fundamental si quiero darle a Ela, mi esposa, todo el bienestar que ella aspira y que lo es también para mí, si quiero que estos últimos años disfrutar de las comodidades materiales que deseo. 

2.   Publicar los libros. Prácticamente están escritos. Siguen los lineamientos de los seminarios que he manejado durante toda una vida en la Corporación SASANA[13], la Universidad de Los Andes y en la Universidad del Norte, que alimento con los productos de mis investigaciones y de mis escritos. Los libros son los siguientes: 

·       Espiritualidad para AGNÓSTICOS. 

·       Liderazgo desde el SER. 

·       Negocios CONSCIENTES.

Ø  La gestión de la felicidad en las empresas. 

·       Prevención y solución de conflictos interpersonales.

Ø  Negociación desde el ALMA. 

·       Final, final… no va más.

Ø  Una historia de amor. 

   Este último una historia de infidelidad y reconciliación que puso punto final a mi búsqueda del amor diferenciándolo del enamoramiento y que en mi opinión, permitió la aparición de ELA, mi actual esposa, en mi vida, de ello hace 16 años. 

   Me parece posible, si todo lo anterior fluye bien, que se puedan publicar dos libros más:   

·       Diálogos con Hematías – Hasta la fecha tengo escritos 334 diálogos, desde el 2002 hasta la fecha. Ello sin contar las reflexiones previas al desarrollo de WORD en el PC, que comenzaron cuando yo tenía 16 años y que ocupan innumerables cuadernos que hace tiempo no reviso. 

·       Correspondencia Espiritual – Es abundante. Son muchas las personas a las que he asesorado usando este medio y guardo copia de la mayoría.

    La publicación de los libros me llevará muy posiblemente a diversificar el público de mis conferencias y a viajar. 

3.   Cuidar mi salud. Implica mayor atención a la dieta, comiendo menos, pero de todo, y más rigor con mi rutina de ejercicios. 

4.   Dedicarle más tiempo a ELA, mi esposa, y a mis hijos y nietos. Implica viajar, cosa que le agrada a ELA, y a visitar con más frecuencia a los hijos que viven en el exterior. 

Mi papel, hoy por hoy, lo percibo más como el de un intelectual obsesionado con algunos temas: identidad, sentido y destino de su vida, una sociedad con un capitalismo a escala humana y una resolución no violenta de conflictos de cualquier índole, no como el de un líder espiritual. Esto se fundamenta en que más que aportar respuestas “ciertas” a los eternos interrogantes sobre el origen, misión y destino humano, lo que tengo son opciones, apuestas, reflexiones, etcétera. 

Mi tarea ESPIRITUAL fundamental es hacerme cada vez más consciente de mí mismo, compartir los resultados de esta evolución en consciencia con los demás y promover la humanización de las organizaciones en las que tenga alguna influencia. 

Muchas gracias por haber leído este testimonio hasta el final. Espero te haya sido útil.

 

  

SUPLEMENTO

 

¿EN CASO DE CAER GRAVEMENTE ENFERMO QUÉ TAN ÚTIL ES EL ENTRENAMIENTO ESPIRITUAL PARA MANEJAR LA SITUACIÓN?

 

Mi experiencia, antes de mi crisis de salud, me señalaba que definirme como un centro de conciencia del UNIVERSO, era mi mejor respuesta a la pregunta ¿Quién soy yo? Tengo un cuerpo, pero no soy el cuerpo. Puedo pensar y sentir, pero sigo siendo YO cuando tengo la mente vacía de sentipensamientos, por ejemplo en el sueño profundo, en el espacio que media entre pensamiento y pensamiento o en la experiencia de la meditación contemplativa, por lo tanto, no soy ni lo que pienso ni lo que siento, sino el que piensa y siente.  En conclusión, no soy el EGO, formado por mi cuerpo y mi personalidad, definida por mis sentipensamientos y las conductas que de allí se derivan. Ese YO como centro de conciencia, que en últimas es lo que soy, tiene como características inmanentes: la autoconsciencia, el entendimiento y, como consecuencia de este, capacidad de sentipensar y voluntad, que me permite experimentar lo que llamamos libre albedrío y actuar más allá de las emociones y de los instintos. 

Basado en lo anterior, mi metáfora predilecta era la del jinete, como símil de la conciencia de mí mismo, montado en un caballo, como símil de la personalidad o EGO. Jinete y caballo los percibía como independientes, sin importar si el caballo era manso o brioso, terco o complaciente, el jinete, aunque afectado por la conducta del caballo, podía con el entrenamiento adecuado, mantener el control del corcel sin ser afectado por la conducta de este. En otras palabras, el YO, el jinete, podía colocarse en la posición del observador o testigo del equino y, usando su voluntad, manejar la conducta del caballo o EGO. 

Nunca me había enfermado gravemente ni ninguna de las dolencias que había tenido habían afectado mi mente. Mi experiencia meditadora unidas a otras vivencias como la consciencia de unidad con todo lo que es, avalaban mi mapa mental de creencias que, entre otras, no cuestionaba la separación entre mi autoconsciencia -el YO- y mi personalidad o EGO, representada por el caballo de mi metáfora. 

En la Fundación Santa Fe hubo dos etapas, la primera mi permanencia de casi un mes en la unidad de cuidados intensivos, la segunda mi estadía, también de aproximadamente un mes, en el pabellón psiquiátrico, llamada zona lavanda.

Mi suposición de que, aún afectado mentalmente, podría mantener conciencia y control de mí mismo -el YO controlando al caballo- como si estuviese sano, no se dio. 

En la unidad de cuidados intensivos mi mente comenzó a afectarse. Sufrí de alucinaciones en las que pude conservar la separación entre el observador y lo observado, entre el Yo y el caballo, y darme cuenta de que estaba alucinado y mantener la calma, pero poco a poco mi capacidad de raciocinio se fue debilitando sin que yo fuera consciente de ello. ¿Por qué lo sé? Porque, aunque no es común, recuerdo las experiencias que viví en mi estado mental alterado, y ahora, en mi estado ”normal”, puedo hacer la comparación entre el Alberto de hoy y el Alberto de la Fundación Santa Fe. Los medicamentos me mantenían semi dopado, adormilado, mi conciencia tenía dificultad para focalizarse y mis pensamientos no se ajustaban plenamente a la realidad, esta se encontraba distorsionada, y lo más crítico, yo no captaba que así fuera, para mí, la realidad percibida era la “realidad” y mi raciocinio operaba sobre esa realidad, no sobre la que percibía cuando estaba mentalmente sano. Podía razonar, pero no sólo el instrumento, la razón, tenía fallas, sino que el contenido mental al que la aplicaba, también estaba distorsionado, pero yo no era consciente de esto. 

Mientras estuve en la unidad de cuidados intensivos, tuve momentos de lucidez en los que podía percibir mi “locura”, que, a medida que avanzaba la medicación para controlar la septicemia, se volvieron más escasos. No puede, por ejemplo, volver a focalizar mi atención para concentrarme y crear un vacío mental que me permitiera descansar,  pues o me quedaba dormido, lo más común, o mi mente se negaba a centrarse. 

En un momento de desesperación, después de una pesadilla bastante perturbadora me había arrancado un catéter. De allí en adelante, a pesar de la resistencia del personal de asistencia, les pedía a las enfermeras del turno nocturno, que al dormir me amarrasen las manos, lo que indica que la conciencia de mí  mismo y de mis circunstancias, no me había abandonado del todo. 

Al ingresar de nuevo a la Fundación por el sangrado del duodeno, después de dos días en casa, fui víctima de una nueva bacteria y se hizo necesario reiniciar el tratamiento con antibióticos. La desconexión con la realidad se hizo más intensa, el raciocinio más deteriorado, los contenidos de la mente más distorsionados, el control sobre mi propia conducta más débil, hasta el punto de que los médicos consideraron  conveniente continuar con el tratamiento antibacterial en la zona psiquiátrica de la Fundación -la llamada zona lavanda- para poder controlarme mejor, pues insistía en no querer vivir, con el argumento de liberar a Ela -mi esposa de 42 años con 16 años de convivencia- de la atención a un viejo inútil, posiblemente impotente y enfermo y darle el regalo de la libertad para que pudiese rehacer su vida. Esto hacía temer a los médicos que pudiese atentar contra mí mismo. 

Cuando se venció a la bacteria invasora, ya en casa y sin antibióticos, la perturbación de mi cerebro, denominada encefalopatía metabólica de carácter medicamentoso[14] y su pariente cercano el delirium[15], comenzó a ceder y empecé a recobrar la cordura volviendo a sentirme dueño de mí mismo, con un buen nivel de raciocinio y con un mapa más ajustado a la realidad tal como la perciben el común de las personas con las que me relaciono. 

Duré aproximadamente una semana -no por decisión mía, sino porque así se dio-, en un estado muy parecido al de la meditación, con la mente vacía de pensamientos y el cuerpo libre de emociones, sentado en una poltrona, simplemente siendo, sin interés de leer ni poner al día mis asuntos, en paz conmigo mismo y con los demás. Después de esa semana empecé a salir de ese estado y paulatinamente me fui reintegrando al mundo real. 

Me di cuenta de que la diálisis no era tan terrible como yo la había percibido en la Fundación Santa Fe y la aprendí a manejar, y en los últimos días de ella, hasta pude disfrutar de esas cuatro horas de aislamiento del mundanal ruido. Los riñones comenzaron a recobrar su funcionamiento, mi estado de ánimo y la confianza en mí mismo mejoró y comencé a reflexionar sobre la experiencia, el porqué de ella y las enseñanzas que me había dejado, igualmente a poner las conclusiones por escrito, cosa en la que todavía estoy. 

Después de esta experiencia, mi conclusión es la siguiente: 

La autoconsciencia no actúa independientemente de los contenidos de la mente, por el contrario interactúa con ellos. Si sufres de una enfermedad que no afecta tu mente, por ejemplo de un dolor intenso, es posible que puedas centrarte en el observador y volverte testigo de tu sufrimiento, disminuyendo tu padecimiento. Al respecto recordemos, al monje budista vietnamita que se inmoló el 11 de junio de 1963 en Saigón, Vietnam del Sur, bañándose en gasolina y prendiéndose fuego, como un acto de protesta contra la persecución de los budistas por parte del gobierno. La imagen del monje sentado tranquilamente mientras las llamas lo consumían, llamaron la atención de todo el mundo. Esto es posible, la evidencia así lo muestra; sin embargo yo doblado por el dolor de los cólicos de la vesícula, no fui capaz de observar serenamente mi dolor, lo lograba a ratos, pero no constantemente. Sí lo he podido hacer con dolores de cabeza o de dentistería. Muy seguramente me falta entrenamiento para lograr la imperturbabilidad del monje budista. 

Si la mente se altera y con ella tu capacidad de raciocinio, se dificulta mucho mantener el control de uno mismo, la concentración es difícil de obtener y la motivación ¿para qué estoy haciendo esto? no encuentra eco en un YO, con una mente y una voluntad perturbada, que sólo quiere que cese el sufrimiento mental y físico que experimenta. 

Si la mente actúa sobre la conciencia y sus atributos y viceversa, la metáfora más adecuada no es la que usaba, el jinete montado sobre su caballo, sino la del centauro, en la que jinete y caballo son un único ser.

La paz posterior al regreso a casa, los días de meditación “natural” en los que la voluntad no intervino para nada, la aceptación de la diálisis, la recuperación de mi vida sexual y el rápido restablecimiento de mi salud mental y física posiblemente tuvo que ver con mi disciplina espiritual, pero no puedo estar seguro de ello. 

En la literatura examinada encuentro casos en que el entrenamiento espiritual, sobre todo la meditación, ayudaron a soportar dolores físicos intensos, pero no he encontrado ninguno en que se haya podido mantener el observador cuando la mente está alterada por medicamentos o la persona está “loca”. John Forbes Nash Jr., un matemático que ganó el Premio Nobel de Economía que durante toda su vida luchó contra la esquizofrenia paranoide, destacado en la película "Una Mente Brillante", puede ser un caso en el que el observador es capaz de percibir y manejar su propia locura, siempre y cuando pueda contrastarla con la realidad. Si uno está inmerso en ella, su locura, y para uno esa es la realidad, la posibilidad de observarla existe, pero salir de ella exige que la compare con la realidad percibida por otros y, sobre todo, que la acepte como la valedera para poder migrar hacia ella. Igualmente supone que la facultad de razonar no esté alterada. 

Tal vez el éxito del médico, Leonardo Perea, que me ayudó a abandonar la idea de suicidarme no cooperando con los médicos, no consumiendo alimentos y negándome a dializarme, fue que no cuestionó mi realidad, como la percibía en ese momento, y razonó conmigo usando mi marco mental de referencia alterado y no el de él, el considerado normal. 

NOTA[16] 

El delirium, también conocido como “delirio agudo confusional”, es un estado de confusión mental que se desarrolla con rapidez, generalmente en cuestión de horas o días. Se caracteriza por una alteración en la conciencia y en la cognición, que afecta la capacidad de una persona para pensar, comprender y recordar. Los principales rasgos del delirium incluyen: 

1. Alteraciones de la Conciencia: Esto puede manifestarse como una disminución en la claridad de la conciencia de sí y del entorno, lo que significa que la persona puede tener dificultades para enfocarse, mantener o cambiar la atención o estar alerta, centrado en el aquí y en el ahora. 

2.   Cambios Cognitivos: Estos pueden incluir problemas con la memoria, la desorientación, el lenguaje (dificultad para hablar o entender) y la percepción (Fantasías o alucinaciones ver o escuchar cosas que no están ahí). 

3.   Pensamiento desorganizado, desorientación, alucinaciones o delirios: Dificultad para pensar conscientemente. Habla incoherente o ilógica, no saber dónde está o qué hora o día es, extrema somnolencia o hiperactividad. 

4.  Fluctuación de Síntomas: Cambios rápidos en el estado de ánimo. Los síntomas del delirium tienden a cambiar a lo largo del día, pudiendo empeorar por la noche (lo que se conoce como "síndrome del atardecer"). 

El delirium puede ser causado por una amplia variedad de factores, que a menudo involucran algún tipo de desequilibrio físico o mental. Algunas de las causas comunes incluyen:

·        Infecciones: Como las infecciones del tracto urinario o la neumonía. 

·   Desequilibrios Electrolíticos o Metabólicos: Como alteraciones en los niveles de sodio, calcio, glucosa o insuficiencia renal o hepática. 

·     Medicamentos: Reacciones adversas a ciertos medicamentos o a la retirada de ciertos medicamentos, especialmente aquellos que afectan al sistema nervioso central como los sedantes. 

·        Traumas o cirugías: Como un golpe en la cabeza o una cirugía reciente. 

·   Enfermedades cerebrales o del sistema nervioso: Como un derrame cerebral, demencia o Parkinson. 

El tratamiento del delirium implica abordar la causa subyacente. Cuando se suspende lo que lo causa, este gradualmente desaparece.
También es importante el apoyo de la familia y cuidadores, quienes pueden ayudar a orientar y tranquilizar a la persona afectada

 

 



[1] El concepto de apuesta lo creo  Edgar Morin un filósofo y sociólogo francés que ha contribuido significativamente al estudio de la complejidad y la transdisciplinariedad en las ciencias sociales y humanas. La apuesta acepta la incertidumbre y aborda los problemas complejos con un enfoque sistémico que reconoce y respeta la interconexión de los sistemas en lugar de simplificarlos o reducirlos. Admite, igualmente, la imposibilidad de predecir con precisión los resultados de muchas de nuestras acciones y creencias. Equivale a la esperanza, algo que uno espera que pase, a lo que apuesta, pero que puede no suceder o ser. Así, yo espero que Dios exista, que mi autoconsciencia sobreviva a la muerte y que haya una vida después de esta, pero no estoy seguro de ello. La apuesta es distinta a la FE. Erich Fromm define a esta última como certidumbre de lo incierto. La apuesta es compatible con el agnosticismo, la FE no. Así, mi esposa ELA está segura de que al morir se encontrará con Dios y su guardia celestial, yo, en cambio, espero que así sea, pero no estoy seguro. Moriré con un alto grado de curiosidad por conocer si existe o no un más allá y, en caso positivo, en qué consiste y que tan acertado estuve con mis apuestas; sin embargo, guardo la esperanza de que sean verdaderas. 

[2] Si el lector de esta historia quiere explorar como podría ser esto puede solicitarme a mi WhatsApp +57 321 485 4634 o a mi e. Mail albertomerlano2009@gmail.com el artículo de mi autoría De Dios el soñador, para sus hijos, su sueño consciente. 

[3] Durante gran parte de mi vida me he dedicado a explorar el materialismo como una fuente muy rica de espiritualidad buscando formular hipótesis espirituales dentro de los marcos de la ciencia, no en el sentido de que esta los valide, sino que no vayan en contravía con el paradigma científico vigente, tanto el oficial como el alternativo. Si el lector desea un resumen de estas investigaciones puede pedírmelas a la direcciones señaladas en la nota de pie de página No. 2, solicitando el artículo de mi autoría Materialismo espiritual. En él se desarrollan tres opciones: Materialismo científico o místico, materialismo esotérico y materialismo religioso. [En el punto 5 de CONCLUSIONES de este artículo, exploro con más detalle esta perspectiva].

[5] Eduardo Galeano, escritor y periodista uruguayo, creo el neologismo "sentipensamientos" fusionando las palabras "sentimientos" y "pensamientos" para enfatizar la idea de que nuestras emociones y pensamientos están interconectados y que la comprensión completa de la experiencia humana requiere la integración de ambos aspectos, lo intelectual y lo emocional.

[6] Para una mayor información sobre este tema puede solicitarse al autor copia del artículo Acerca de la aplicación del método científico a las ciencias del espíritu, escribiéndole a cualquiera de las direcciones señaladas en la nota de pie de página No. 2.

[7] El pansiquismo es la idea de que la mente o la conciencia no se limita solo a los seres humanos o incluso a las criaturas vivas, sino que de alguna manera está presente en todo el universo, incluso en sus componentes más fundamentales, como las partículas subatómicas. Esta perspectiva se ha debatido a lo largo de la historia del pensamiento filosófico y, en épocas más recientes, ha sido considerada en algunos círculos de la ciencia y la filosofía de la mente. David Chalmers, aunque no es un pansiquista declarado, ha discutido el tema en varios de sus trabajos y ha sugerido que el pansiquismo podría ser una solución potencial al "problema difícil de la conciencia", es decir, la cuestión de cómo y por qué las experiencias subjetivas surgen de procesos físicos. 

[8] Disponible solicitándolo a las direcciones indicada en la nota de pie de página No. 2 

[9] DAWKINS Richard: El espejismo de Dios, Espasa Calpe 2007

[10] HITCHENS, Christopher: Dios no es bueno, Random House Mondadori, 2008;     Dios no existe, Random House Mondadori, 2009 

[11] Ver su libro Deja de ser tú - La mente crea la realidad. Editorial Urano 2012 

[12] Los interesados en ampliar este tema pueden solicitar mi artículo Pensar es crear, solicitándolo a las direcciones indicada en la nota de pie de página No. 2. 

[13] SASANA es el nombre comercial de la Asociación de Humanismo Transpersonal,  una corporación sin ánimo de lucro, creada en el año 2002, en compañía de 6 colegas interesados en temas espirituales, que tiene como finalidad promover la elevación del nivel de consciencia en todos los campos de la actividad humana.

[14] La encefalopatía metabólica de origen medicamentoso es un trastorno neurológico que se produce como resultado de los efectos tóxicos de los medicamentos en el cerebro. Esta condición se caracteriza por un deterioro en la función cerebral debido a desequilibrios metabólicos provocados por los fármacos. 

[15] Ver la NOTA al final de este escrito, en la que se describe lo que es el DELIRIUM.

[16] Preparada con la ayuda del ChatGPT

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