WU WEI - EL ARTE DE HACER CON LA MÍNIMA ACCIÓN

 

WU WEI[1]

 EL ARTE DE HACER MINIMIZANDO LA ACCIÓN

ALBERTO J. MERLANO A.


Este artículo busca explicar en qué consiste el concepto oriental del Wu Wei y cómo aplicarlo en la planeación estratégica de las organizaciones y a la propia vida.

Desde tiempos inmemoriales algunos antiguos sabios chinos acuñaron un concepto cuya enunciación representa un inmenso logro en la historia del pensamiento estratégico a la par que la expresión de uno de los métodos para lograr resultados de carácter más sutil y de mayor poder que existe en el campo del auto desarrollo: el Wu Wei, también conocido como la Ley del Mínimo Esfuerzo o el arte de obtener resultados aprovechando las fuerzas existentes en cada situación en lugar de ir en contra de ellas, del cual en el terreno de las artes marciales, el judo es el más conocido ejemplo.

En el campo espiritual implica leer las señales del UNIVERSO y fluir con ellas, aceptándolas sin hacerle resistencia, “derivando en estado de alerta”, al decir del fallecido Manfred Max Neef [1932-2019], economista chileno creador de la teoría de desarrollo a escala humana.

Nuestra educación occidental ha sido cimentada en la exaltación de la acción arrolladora como valiosa en sí misma. Hemos sido formados en la cultura de que por encima de los medios está la consecución de los fines y que son los logros los que determinan ese apreciado valor social llamado éxito, independientemente del costo en que se incurra para obtenerlo. Esto muchas veces se ve reflejado en conductas que obstaculizan la cooperación entre grupo y personas interdependientes.

Frente a los habituales valores que sirven de base a la acción desbordante, la energía frenética, o el dinamismo de la excitación propia de cualquier lucha, la propuesta de este paradójico hacer con la mínima acción, se revela tan seductora como inaprensible si se trata de comprender desde una perspectiva sesgada por la visión de la vida como una lucha entre opuestos, en lugar de mirarla como la búsqueda de una integración entre contrarios.

Tal vez por ello, el Wu Wei sea para nosotros, los occidentales, más difícil de comprender que para los pueblos de oriente, aunque, en realidad, el factor cultural es mucho menos condicionante que el deseo sincero que cada persona tenga de orientar su vida hacia la acción no violenta sobre sí mismo o los demás, usando métodos que como el Wu Wei,  enfatizan más la cooperación que la confrontación.

Pero ¿es este concepto algo más que una reflexión ingeniosa fruto de algún monje aficionado a la filosofía taoísta? Y, lo que es más importante: ¿Es susceptible de ser aplicado en el ámbito de lo concreto, en el mundo del  propio desarrollo y en el  de la acción, en las empresas o en la política, por ejemplo? ¿Cómo es posible hacer desde el no-hacer? ¿No son ambas ideas antagónicas?

Pues bien, la práctica del Wu Wei en la vida diaria no sólo es posible, sino que facilita el éxito, entendido como lograr lo que se quiere, tanto en resultados, como en un mínimo de consecuencias adversas posibles para las partes involucradas, incluido uno mismo.

Si entendemos el Wu Wei como la práctica que nos conduce a no violentar la naturaleza de lo que queremos modificar buscando la línea del menor esfuerzo, lograremos un valioso aliado para la acción eficaz en todos los órdenes de la vida. Si bien es cierto que la acción no solo efectiva sino eficiente; es decir, lograda con el mínimo esfuerzo, es generalmente una consecuencia de la madurez proporcionada por la experiencia de tratar de lograr cambios con el mínimo costo posible, no es menos cierto que el Wu Wei es una forma de ver la vida desde la perspectiva de la no violencia, aplicable a través de un aprendizaje consciente, a nuestra propia conducta y a la de los demás.

Un sistema social, organizacional, grupal o individual, está como está porque dada la dirección, fuerza e interacción de los vectores que lo determinan, no puede estar de un modo distinto. Las múltiples fuerzas de distinta intensidad y dirección que lo componen se hallan en un equilibrio inestable que produce el resultado que se observa; independientemente de los criterios de valor que sean usados para juzgar la situación y eventualmente intentar modificarla llevándola a un nuevo equilibrio.

Esta verdad de Perogrullo si se analiza con detenimiento es la clave de la acción transformadora eficaz y eficiente, usando el principio del mínimo esfuerzo. Si se quiere modificar algo aplicando la concepción del Wu Wei, hay que entender lo más completamente posible qué determina el equilibrio del sistema, observando la intensidad, dirección e interacción de las fuerzas que generan su actual estado.

El Wu Wei implica, por lo tanto, conocer en profundidad la naturaleza de lo que se pretende cambiar con el fin de poder movilizar el sistema al resultado apetecido con un mínimo de intervención reconfigurando las fuerzas que lo integran. Esto  corresponde a una acción terapéutica equivalente a retirar los elementos que dificultan que el sistema funcione en la forma deseada, obteniendo que este por su propia dinámica, logre un desempeño que lo optimice, lo cual implica conocer las fuerzas más poderosas y profundas que operan bajo la superficie del sistema que se quiere modificar. Estas normalmente se encuentran relacionadas con la naturaleza humana. 

El Wu Wei es parcialmente coincidente con la teoría de cambio de Kurt Lewin[2] cuyas investigaciones condujeron a la afirmación de que es más económico, en todos los sentidos de la palabra, modificar un sistema  eliminando las fuerzas restrictivas que lo sitúan en una determinada posición de equilibrio, que aumentando las fuerzas impulsoras.

Lo anterior implica sabiduría en la acción, minimizando no sólo las intervenciones, sino también no suministrándoles una energía superior a la mínima necesaria para lograr el resultado apetecido. Igualmente  concentrarse más en debilitar o anular las fuerzas restrictivas que en aumentar las impulsoras.

Aplicando una somera observación a la conducta en grupos y organizaciones, se evidencia de inmediato la tendencia que tienen sus líderes a complicar el logro de sus propósitos por desconocimiento del sistema o por arrogancia del EGO, percibiendo los procesos de cambio como batallas de ganancia cero en las que forzosamente debe haber ganadores y perdedores.

A nivel personal el no uso del Wu Wei se traduce en el empleo de la voluntad violentándonos a hacer lo contrario a lo que hacemos, sin entender por qué lo hacemos, desconociendo que una vez entendemos la dinámica interna de nuestro ser, podemos modificar la resultante expresada en  nuestros senti-pensamientos y conducta, sin gran esfuerzo de voluntad.

Siendo el Wu Wei el método de obtener resultados con la menor inversión de energía, podemos observar que el beneficio de usar esta perspectiva se multiplica en proporción directa a la complejidad del desafío y a la necesidad de causar el mínimo daño posible a las relaciones de cooperación necesarias en cualquier sistema compuesto por actores con propósitos    diferentes.

El Wu Wei no tiene nada que ver con la inactividad. En palabras de Thomas Merton, escritor católico y místico estadounidense, (…) el Wu Wei es la actividad suprema, porque actúa en reposo, sin esfuerzo. Su ausencia de empuje no es una cuestión de inercia, sino de armonía con el poder oculto que impulsa los planetas y el cosmos.[3] Siendo como es, el arte de permitir que las cosas sucedan siguiendo su flujo natural, se puede afirmar que hacer lo mínimo para lograr el resultado deseado, es la máxima expresión de la acción; es decir, la que brota de la profunda naturaleza de lo que se intenta modificar dejando al margen las necesidades del ego y el irreal mundo en el que habita. Este propósito esta expresado en la frase del Arte de la Guerra de Sun Tzu en la que sostiene que el supremo logro es someter al enemigo sin luchar. También, aunque con una filosofía distinta basada en el odio que desintegra y no el amor que une, subyace en la práctica marxista orientada a aumentar las contradicciones dentro de un sistema con el fin de provocar su cambio.

Aplicado a la propia vida, al liderazgo y a la administración de organizaciones el Wu Wei implica construir sobre fortalezas, las propias y las de los demás, en lugar de sobre debilidades.

Para usar esta práctica del “hacer sin hacer”, volviéndonos maestros de la “acción en la inacción”, se nos sugieren los siguientes pasos:

1.   Definir el QUÉ, el POR QUÉ y el PARA QUÉ del cambio que se quiere lograr. 

2.   Establecer los límites del sistema que se intenta modificar. Esto se hace en las organizaciones contestando a la pregunta ¿Quiénes tienen poder o autoridad para lograr que el sistema cambie? ¿Quiénes para impedir su modificación? 

3.   Descubrir las fuerzas naturales, el ATRACTOR hacia donde se dirige el sistema, entendiendo como ATRACTOR el supuesto punto de equilibrio del sistema, el lugar de reposo del “péndulo”, en el que la lucha cesa y se logra un equilibrio temporal. 

Las fuerzas más poderosas que existen en un sistema social, son las que emanan de la naturaleza de las personas, en particular las que se relacionan con las llamadas “necesidades humanas”; son ellas las que orientan, consciente o inconscientemente, los movimientos de cualquier sociedad hacia el bienestar colectivo, pues las sociedades no crean necesidades sólo producen satisfactores para las mismas.

La tensión entre necesidades – iguales para todos los seres humanos – y satisfactores – variables y situacionales -, es lo que permite afirmar que el cambio social es inevitable, siempre orientado hacia la auto-realización humana, expresado en últimas en bienestar… en felicidad.

Está condenado al fracaso a corto, mediano o largo plazo, cualquier cambio que vaya en contravía con la naturaleza humana; por ello conocerla es obligatorio para cualquier agente de cambio que no quiera verse agobiado por fuerzas contrarias a sus propósitos, desatadas por ignorarla.

Para tener éxito vale la pena apoyarse en los descubrimientos de las ciencias humanas y percatarse de que lo se puede cambiar son los satisfactores, no las necesidades. De haber tenido esto en cuenta los sistemas marxistas no habrían intentado crear a través de condicionamientos sociales, prácticas que iban en dirección contraria a la naturaleza humana. Igual sucede con la mayor parte de las organizaciones contemporáneas, que carecen de un diseño a escala humana, siendo sus resultados muy inferiores a los que podrían obtener si se diseñasen teniendo en cuenta lo que las personas son lugar de usar la autoridad para obligarlas a comportarse de un modo contrario a su naturaleza.

La comprensión de la dinámica interna del sistema que se pretenda cambiar, comienza y termina con el entendimiento de las necesidades e intereses de las partes que lo componen, dándole prioridad a las necesidades humanas,  y la correlación de fuerzas entre los diversos intereses, independientemente de que sean o no legítimos a la luz de los valores del respectivo agente de cambio.

4. Evaluar las fuerzas existentes dentro del sistema definiendo cuáles son impulsoras en el sentido en que queremos se mueva la resultante del sistema y cuáles restrictivas de tal acción, concentrándose principalmente en las restrictivas, aplicando el Principio de Pareto[4], y las enseñanzas de Kurt Lewin, mencionado antes. 

5.   Actuar manteniendo una permanente observación sobre el sistema intervenido evaluando las repercusiones de las acciones y efectuando las correcciones necesarias. No olvidar que se es parte del mismo y que cualquier sistema es tan complejo que no es posible al intervenirlo, predecir con alto grado de probabilidad los resultados; por lo tanto, la estrategia debe estar al servicio de situaciones cambiantes, sin perder el objetivo que se busca modificándolo si las circunstancias lo hacen necesario. Para lograr lo anterior es necesaria la retroalimentación permanente. 

La práctica hace al maestro, entre más rápido se empiece a incorporar estos factores en el análisis de las decisiones de cambio más pronto se empezarán a cosechar éxitos en el intento de establecer entornos sociales más ajustados a la naturaleza humana, permitiendo que los aspectos positivos de la misma se expresasen creando armonía en donde existía discordia y juegos de poder entre “buenos” y “malos”, y haciendo mucho más sencillo, eficaces y eficientes, los procesos de desarrollo humano.

Buscar siempre el camino que ofrezca la menor resistencia, no remar contra la corriente, a no ser que la propia ética o las circunstancias, así lo exijan, lograr lo que se quiere perturbando lo menos posible el entorno relacionado con los propósitos a obtener… ello es la esencia del Wu Wei, o principio de la mínima acción. 

Ensayemos ponerlo en práctica y observemos los resultados.



[1] Inspirado en un artículo anónimo de INTERNET del mismo título [http://www.proyectopv.org/1-verdad/wuwei.htm], modificado, ampliado y adaptado al mundo del auto – desarrollo y de las decisiones empresariales por el Admor. Alberto J. Merlano A. en diciembre 2012. [FOTOGRAFÍA: Unsplash – Thao Le Hoang]. 

[2] Psicólogo alemán nacionalizado estadounidense (1890-1947).Se interesó en la investigación de la psicología de los grupos, la dinámica de los procesos de cambio y las relaciones interpersonales. Es reconocido como el fundador de la Psicología Social moderna. 

[3] Místicos y maestros del zen, Editorial Lumen, 2001. Página 86.

[4] Wilfredo Pareto (1848- 1923) fue un sociólogoeconomista y filósofo, creador del denominado Principio de Pareto  también conocido como la regla del 80-20 que establece que en un evento social un mínimo de causas – aproximadamente el 20% - responden por la mayor parte del efecto- aproximadamente el 80%. Por lo tanto, si queremos cambiar algo debemos concentrarnos en las pocas causas del efecto que queremos modificar. El principio ha sido de gran aplicación en la Economía y en la Administración, entre otras.


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