¿SOMOS UNIVERSO CONSCIENTE DE SÍ MISMO?
¿SOMOS
UNIVERSO CONSCIENTE DE SÍ MISMO?
ALBERTO
J. MERLANO A. [1]
Este
artículo explora el hecho de que a través de seres auto-conscientes el UNIVERSO
se ha tornado consciente de sí mismo.
Desde Oriente nos viene la idea de que
somos un vehículo, un medio para que el universo se experimente a sí mismo. La
vida como una especie de magnífico juego de realidad virtual en el que todos
los jugadores son uno solo.
El filósofo Alan Watts (1915-1973),
nos remite a esa profunda comprensión de identidad entre el hombre y el
universo, entre la multiplicidad y la unidad. No hay división entre el hombre y
la naturaleza, más que la que cada uno de nosotros construye en su mente. En
sus palabras:
“¿Cuál
es la diferencia esencial entre el mundo del hombre y el mundo de la
naturaleza? Yo soy parte de la naturaleza. Soy, de alguna forma, una de
las células en este inmenso universo, que no puedo entender, como la parte no
puede entender al todo. Y al mismo tiempo no me siento, como muchas personas
sienten, un extraño en ese mundo, sus formas estéticas de alguna manera me agradan
más que las que producen los hombres…”
“De
igual forma que una flor es una florescencia de todo el campo, me siento como
una “humanización” de todo el universo. En otras palabras, parezco ser, como todo
lo demás, un centro —un tipo de vórtice— en el que toda la energía del universo
se realiza, toma vida. Una especie de medio a través del cual todo el universo
se vuelve consciente de sí mismo.”
Decía el astrofísico Carl Sagan
(1934-1996):
“El
cosmos también está dentro de nosotros, estamos hechos de la misma sustancia
que las estrellas. Somos una forma en la que el cosmos se conoce a sí mismo”.
David Bohm ideó el concepto de “totalidad implicada”, en el que postula
que la naturaleza del universo es holográfica y que la realidad primordial, a
la manera de Schopenhauer, es la conciencia.[1]
El místico indio Sri Aurobindo, lo
resume así:
“Preguntas
cuál es el principio de todo esto: Y es esto…La existencia que se multiplicó
por sí misma por el puro deleite de ser se proyectó en trillones de seres para
que pudiera encontrarse a sí misma.”
Imagina que eres tú y yo y todas las
personas del mundo, todos los animales, todas las plantas, todas las piedras y
todas las estrellas somos uno, manifestaciones de una única realidad que
vivimos extrañas y maravillosas aventuras, algunas de las cuales son terribles
y atemorizantes.
La unidad vislumbrada parece ser la
gran joya mística de los eones, “la ola
del tamaño del mar”, la perla de Indra que refleja todas las otras perlas,
el loto de mil pétalos, el ave fractal o el Aleph[2] que
integra la visión holográfica: todo el universo yace en cada punto. Parece
cumplirse la noción brahmánica de que somos una forma para que el universo se
conozca o se experimente a sí mismo.
Esta visión implica
que la muerte simplemente no existe.
Es una ilusión que surge en la mente de
las personas, porque la gente se identifica con su cuerpo. Creen que el
cuerpo morirá tarde o temprano, pensando que su conciencia desaparecerá
también. De hecho, la conciencia existe
fuera de las limitaciones del tiempo y el espacio y es capaz de estar en
cualquier lugar: en el cuerpo humano y fuera de él.
El desarrollo
exponencial de la tecnología ha llevado recientemente al científico Raymond
Kurzweil (1948), especializado en ciencias de la computación y en inteligencia
artificial, a afirmar en su libro “La era
de las máquinas espirituales” que si, según su pronóstico, a lo largo del
siglo XXI fuese posible la creación de computadoras más sofisticadas que
nuestro propio cerebro, estas serían conscientes y capaces de alojar nuestro
estado neuronal, dando así lugar a una copia virtual o real e inmortal de
nosotros mismos.
Como plantea José C. Elías en su blog ELIAX:
“Muchos no entienden bien las repercusiones de nuestra
identidad con el universo. Sucede, que desde que tomamos consciencia de nuestra
existencia (se estima que aproximadamente unos 100.000 años), siempre nos hemos
considerado como una entidad distinta del resto del universo, en el sentido de
que pensamos de todo lo que vemos como lo que está "afuera" de
nuestros cuerpos y mentes es algo independiente de nosotros mismos. Pero lo
cierto es, que nada pudiese estar más lejos de la realidad... Somos parte del
Todo. Somos parte del paquete completo, y eso tiene al menos una alucinante
repercusión de la cual estoy seguro la mayoría de las personas no están
consciente: El universo está consciente de sí mismo. Piensen y ponderen lo que
acabo de escribir. El universo está consciente de sí mismo. Y está consciente
de sí mismo a través de cada uno de nosotros...El universo no es diferente a lo
que existe en él. Cada uno de nosotros es universo consciente de sí mismo. Somos
realmente parte del proceso del Universo de comprenderse a sí mismo desde la
perspectiva de aquello en lo que se ha convertido.”
[1] Conciencia en el contexto de este artículo no es sinónimo de conSciencia. La segunda desde una perspectiva filosófica supone un observador, la primera no. Conciencia implica un estado de mente vacío de contenido, como el que se da en la meditación contemplativa, conciencia no dual que ES, SABE y PUEDE sin necesidad de razonamientos, como por ejemplo la que tenemos de existir. ConSciencia, implica separación entre el observador y lo observado. La conSciencia envuelve dualismo: el YO que se percata y aquello de lo que se percata. En el planeta tierra aparentemente sólo los seres humanos somos auto-conScientes. Los animales en mayor o menor grado son conScientes, pues se percatan y reaccionan a su organismo y a su entorno, pero no son auto-conScientes pues no se perciben a sí mismos y por ello no conocen que conocen. La conciencia y posiblemente la consciencia en los animales es MONISTA, la auto-conSciencia DUAL: el perceptor y lo percibido.
[2] El Aleph es quizás el libro de cuentos más
representativo del escritor argentino Jorge Luis Borges. Fue publicado en 1949,
y reeditado por el autor en 1974. Sus textos hacen uso de una infinidad de
fuentes y bibliografías, y mediante ellas reconstruye los mitos y las metáforas
de la tradición literaria universal. Se trata de una serie de eventos u objetos
inverosímiles, enmarcados en un ambiente realista que sirviera para resaltar su
condición milagrosa. Los cuentos de El Aleph revelan grietas en la lógica de la
realidad.

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