ACERCA DE LA APLICACIÓN DEL MÉTODO CIENTÍFICO A LAS CIENCIAS DEL ESPÍRITU

ACERCA DE LA APLICACIÓN DEL MÉTODO CIENTÍFICO 

A LAS CIENCIAS DEL ESPÍRITU.

ALBERTO J. MERLANO A.

JUNIO 2020

Este artículo hace una presentación de lo que es el método científico buscando dar respuesta a la pregunta de si puede ser aplicado en áreas del conocimiento distintas a las ciencias naturales, en particular a las llamadas ciencias del espíritu.

 

 

INTRODUCCIÓN

Las llamadas ciencias del espíritu son aquellas dedicadas al estudio de la conciencia y a la actualización del potencial humano. A esto se le llama en la actualidad ciencias noéticas, que proviene de la palabra griega nous, que significa conocimiento interior. El nombre fue usado por primera vez por el Dr. Edgar Mitchell, ex astronauta de la NASA, sexto hombre en caminar por la luna, cuando fundó en 1973 el Instituto de Ciencias Noéticas, para patrocinar y colaborar  en investigaciones sobre las potencialidades de la conciencia, explorando fenómenos poco considerados por la ciencia contemporánea, manteniendo no obstante, el rigor científico. 

¿Es posible hablar de aplicación del método científico a áreas del conocimiento no cuantitativas, tales como las ciencias sociales y humanas, o más crítico aún, al área de la espiritualidad, a lo numinoso, como pretende hacerlo la llamada parapsicología y el Instituto de Ciencias Noéticas? 

Este artículo intenta dar una respuesta a esta pregunta. 

Con el fin de hacer más simple el análisis del tema consideré conveniente separar  el propósito del  método científico, del procedimiento para la aplicación del mismo a las diversas  áreas del conocimiento humano.

 

EL PROPÓSITO DEL MÉTODO CIENTÍFICO

 

El propósito del método científico es aproximarse lo más posible a la verdad, aquello que ES, independiente de las percepciones u opiniones individuales o colectivas que se puedan tener sobre la naturaleza de la realidad. Suena bien, ¿pero es posible conocer lo qué es la verdad en un campo de conocimiento dado?

Inicialmente filósofos y científicos pensaron que sí, en particular en el mundo de las ciencias naturales; esto suponía las siguientes premisas:

1.  Hay una explicación cierta para la realidad en la que vivimos, y usando los medios y los procedimientos adecuados, es posible llegar a ella. 

2.  La evidencia suprema de la verdad la da su coherencia con los dictados de la razón, expresados en la lógica, cuya máxima expresión son las matemáticas, validada por la evidencia proporcionada por los órganos de los sentidos o sus extensiones. 

3.  Es posible mantener una separación entre el observador y lo que este observa, de modo tal que la realidad estudiada no sea interferida por el hecho de ser mirada. 

4. Si todos los observadores si aplican correctamente los medios y el procedimiento establecido para encontrar la verdad, deben llegar a las mismas conclusiones. Esto implica conociendo las causas poder predecir con certeza los efectos.

El método para alcanzar estos resultados, se denomina método científico y consta de las siguientes etapas: 

·       Observación.

·       Formulación de hipótesis.

·       Experimentación.

·       Demostración o refutación de la hipótesis.

·       Conclusiones que conducen a la elaboración de una teoría científica.

Se considera a Galileo Galilei (1564-1642) como el padre del método científico.

 

LIMITACIONES DEL MÉTODO CIENTÍFICO

 

El método científico ha sido muy exitoso para llegar a conclusiones valederas de gran impacto para el conocimiento teórico y aplicado. Su campo de aplicación principal han sido las llamadas ciencias naturales. Varios descubrimientos contemporáneos, no obstante, han socavado la aproximación a la certeza que se creía obtener con la aplicación del mismo. A continuación una lista de algunas.

1. La evidencia, cada vez más categórica, de que en el universo todo está relacionado con todo, llamado principio holográmico, y como consecuencia de lo anterior, la realidad es sistémica, lo que implica que todo fenómeno es multicausado, las causas del mismo se interrelacionan entre sí y los efectos retrotraen sobre las causas que los originan, volviéndose causa de sus propias causas. Todo lo anterior significa que no existe una sola causa para un fenómeno dado, la relación entre causa y efecto es, a todo nivel, de carácter interactivo y la contribución de cada causa al efecto estudiado, varía en términos de intensidad y direccionalidad. 

Lo sistémico es lo contrario a lo lineal; es decir la creencia, que todos los fenómenos tienen una sola causa y que esta actúa en una sola dirección, de la causa hacia el efecto, sin retroacción posible. En cualquier fenómeno complejo – y en un universo holográmico, todo evento en mayor o menor medida lo es, el EFECTO es claro, lo que lo CAUSA, no tanto.  

Una aplicación práctica de esto la encontramos en la explicación de la gravedad dada por Isaac Newton y la suministrada por la Teoría de la Relatividad de Albert Einstein, que incluye y trasciende la newtoniana, aunque seguimos midiendo con precisión el efecto de la gravedad aplicando las ecuaciones desarrolladas por Isaac Newton, su explicación de por qué funcionan, como demostró la teoría de la relatividad de Einstein, es incompleta. 

¿Tenemos ahora una teoría final de la gravedad? Poco probable. Poseemos la mejor dentro de los conocimientos y los métodos de cálculo que poseemos en la actualidad. 

Todo lo anterior lleva a la ciencia contemporánea, no a una conclusión terminal, sino a aproximaciones a la verdad, que se espera sean cada vez mejores a medida que se aumenten los conocimientos y los métodos para examinar realidades sistémicas. 

Se pensaba que el fenómeno sistémico sólo se daba en las ciencias  naturales en biología y en las ciencias sociales y humanas. En la primera era manejable dada la naturaleza material del objeto de estudio, en las segundas prácticamente imposible, por lo que el método científico arrojaba resultados no tan exactos como los de las ciencias naturales, haciendo dudoso desde esa óptica, que pudiese hablarse de Ciencias Sociales y Humanas, y mucho menos aún de Ciencias del Espíritu. Ahora vemos que el fenómeno sistémico opera en mayor o menor grado, en todos los campos del conocimiento humano, incluida la física, la reina de las ciencias naturales, y aunque sigue siendo cierto que las ciencias naturales son las menos imprecisas en comparación con otras áreas de la ciencia, la aplicación del método científico a las mismas no genera resultados tan exactos como se esperaba. 

En el campo de la mecánica cuántica, que ofrece respuestas en términos de probabilidades estadísticas, lo anterior es plenamente evidente. Lo que el físico David Bohm, llamó variables ocultas, se encuentran presentes en cualquier exploración científica de la naturaleza poniendo una sombra de duda sobre la precisión de los resultados obtenidos en las llamada “ciencias duras”. 

En conclusión: 

·   La causalidad no es lineal sino sistémica, esto hace que el método científico aplicado al área de las ciencias naturales, que es donde más aciertos ha tenido, genere unos resultados relacionados con las causas del fenómeno, no son tan exactos como generalmente se suponía. 

·    La separación entre ciencias naturales y ciencias humanas, sociales y noéticas, no es tajante, pues todas operan dentro de realidades sistémicas. Ello las hermana. Las separa el grado de probabilidad de sus conclusiones; es decir, el grado de complejidad del sistema y la forma en que se aplica el método científico según la naturaleza de cada área del conocimiento, no el propósito y las prescripciones del método científico para aproximarse a la verdad. 

2.  La lógica como instrumento de la razón y las matemáticas como su principal medio de expresión, evolucionan, aparecen nuevas formas de procesar la información que trascienden e incluyen lógicas anteriores; por ejemplo: en la actualidad, la lógica sistémica, que explica mejor que la lógica lineal una realidad holográmica, incluye y trasciende la lógica aristotélica. 

Nuestro instrumento de funcionamiento mental, la vara con la que medimos el ajuste entre nuestro pensamiento y la realidad,  es incompleta   y perfectible. Lo que nos parece lógico hoy puede no serlo mañana. Por ejemplo; la lógica aristotélica con sus principios de identidad, contradicción, y tercero incluido, no es tan útil para explorar realidades sistémicas. En ellos, en los sistemas, los objetos y las ideas pueden ser definidos desde muchos puntos de vista teniendo múltiples identidades según el referente que se use; los contrarios no sólo son contrarios sino complementarios y se integran en un nivel superior, violando aparentemente el principio de contradicción y el de tercero excluido; etc. 

¿Hemos llegado al sumun del pensamiento lógico con los aportes contemporáneos en lógica y matemáticas? Casi con seguridad, la respuesta es negativa. 

En conclusión: 

El pensamiento lógico que es uno de los instrumentos principales del método científico para establecer hipótesis, diseñar las pruebas experimentales y evaluar los resultados, no necesariamente conduce a la verdad plena al aplicarse a un objeto de estudio dado. La estructuración de una normatividad para pensar bien y llegar a conclusiones, depende del grado que tengamos de conocimiento de la realidad y del ajuste de las herramientas conceptuales a la misma. Puede haber muchas lógicas, según los objetos de estudio, y es posible que exista un modo de integrarlas a todas en una formulación coherente, sin acabar con las diferencias entre las mismas. Las que usamos en la actualidad son una de las muchas que jalonan el camino, de entender con el pensamiento la realidad, no única y eterna, y como lo demuestra la historia de la lógica y de las matemáticas su principal instrumento, incompletas y perfectibles.

3. Sabemos que los órganos de los sentidos no evidencian la realidad tal como es, sino nuestra percepción de la misma, que no es solo material – las cosas como aparecen en nuestro cerebro –, sino también mental – lo que pensamos de ellas. Concentrémonos, no obstante en este punto, en lo material: la forma en que el cerebro procesa la información de la realidad que le suministran los sentidos.

Las cosas o formas de la realidad material, son como son porque nosotros somos como somos. Diferentes especies con diferentes órganos sensoriales perciben la realidad, cualquier cosa que ella sea, de diversos modos. Debido a lo anterior el observador en las llamadas ciencias naturales, no es sólo parte fundamental de lo que observa, sino que lo que percibe no puede independizarse del “ojo” con el que mira, el “oído” con el que escucha, etc. y del cerebro que procesa esa información. Más dramático aún, en el mundo de la física cuántica la observación no sólo está afectada por la percepción de la misma, sino que  perturba el funcionamiento del sistema observado. 

Basta pensar cómo sería la descripción del universo realizada por los cosmólogos en un mundo en el que la especie dominante fueran los murciélagos. Aunque la realidad en abstracto, es la misma para humanos que para murciélagos y habrá puntos en común en su descripción, será lo bastante diferente como para necesitar una traducción al sistema perceptual del otro, y lo más importante: aunque después del ejercicio ambos, humanos y murciélagos, confesasen que después de su diálogo entienden mejor lo que es la realidad, ésta todavía estaría muy lejos de poderse considerar como la REALIDAD, lo que es, la que no depende de las percepciones de ambas especies; no obstante los cosmólogos de ambos mundos, serían conscientes después de este experimento que sus explicaciones, sólo tienen validez dentro de su marco de referencia perceptual. No son necesariamente falsas, pero si incompletas. 

El científico dedicado a las ciencias naturales, explora además una realidad percibida en tres dimensiones, cuando esta tiene por lo menos cuatro dimensiones, tres espaciales: longitud, anchura, profundidad y una temporal.  La Teoría de Cuerda, no obstante, habla de diez dimensiones espaciales; a saber: una dimensión temporal, tres dimensiones espaciales ordinarias y seis dimensiones compactadas e inobservables en la práctica. 

¿Es la realidad percibida por los habitantes de PLANILANDIA [Una novela escrita por Edwin Abbott  en 1884, cuyos habitantes  sólo perciben en dos dimensiones], igual a la de los TERRÍCOLAS que perciben en tres? 

¿Cómo justipreciaríamos desde la visión de la tercera dimensión la descripción de la realidad realizada por un cosmólogo de PLANILANDIA? 

¿Cómo sería evaluada nuestra cosmología de tres dimensiones, por un cosmólogo de una hipotética cuarta dimensión en la que el tiempo pueda ser percibido simultáneamente en pasado, presente y futuro? ¿Hay alguno de mis lectores que pueda representarse mentalmente lo que Albert Einstein denomina espacio-tiempo – la descripción cuadridimensional de nuestro universo? 

¿Tenemos unas ciencias naturales de lo que es, o una de lo que creemos que es, limitada no sólo por nuestros conocimientos, como lo estuvo la Física de Aristóteles que hoy nos hace sonreír, sino por nuestra percepción de la realidad y nuestra apreciación tridimensional de la misma, cuando por lo menos tiene cuatro dimensiones?  

Dentro de esta perspectiva ¿Se puede sostener que en todos los casos la aproximación a la realidad es superior en las ciencias naturales que en las ciencias sociales y humanas? La realidad multidimensional del universo pone en tela de juicio esta observación. 

Puede estar más ajustada a la realidad una descripción en ciencias humanas y sociales que una realizada en ciencias naturales, en primer lugar por no afectarle en materia grave la percepción tridimensional propia de nuestra especie y en segundo lugar por ser más claro para el observador de la conducta humana la forma en que su mirada está afectada por su percepción, y sobre todo conocer lo que no conoce – sus suposiciones -, cosa que un investigador de lo tangible en algunos campos como el de la cosmología, esencial para la comprensión del universo, es imposible, pues aunque conoce que la realidad descrita es equivalente a su percepción de la misma y no a la realidad en toda su complejidad, y sabe que desconoce variables importantes, no le es posible saber qué es lo que desconoce. Por ejemplo; el cosmólogo de PLANILANDIA puede saber que existen tres dimensiones, pero le es imposible aun conociéndolo, hacer una descripción tridimensional de la realidad, salvo en el mundo abstracto de las matemáticas y aún en este caso su cerebro le impediría percibir en su mundo plano, una maqueta tridimensional de su formulación matemática.

 En conclusión: 

·       Observador y observado en cualquier campo de conocimiento de la ciencia aplicada, forman un sistema no separable, en el que en mayor o menor grado según el área del conocimiento investigada, interactúan entre sí. 

·       La realidad percibida no es equivalente a la realidad cómo es, se opone a ello nuestros sentidos, la forma en que nuestro cerebro procesa la información que estos le suministran, y nuestra incapacidad para percibir en más de tres dimensiones. Esto pone en duda la normalmente aceptada superioridad de las ciencias naturales sobre las ciencias sociales y humanas, y eventualmente las ciencias noéticas, basadas las primeras en la superioridad de la evidencia sensorial, sobre la proporcionada por la mera razón. Tal vez eso nos pueda explicar, aunque sea en forma parcial,  porque la filosofía griega ha sobrevivido hasta nuestro tiempo y no su cosmología. 

4.  La abstracción matemática, como hemos visto, puede paradójicamente, revelar mejor la realidad que la observación directa y resolver en parte lo planteado en el punto anterior; no obstante, las matemáticas consideradas como la máxima expresión de la lógica, después de los teoremas de incompletitud  descubiertos y probados por el matemático Kurt Gödel (1906 – 1978) en 1931, que demostró que todo sistema matemático está compuesto por axiomas y postulados que no pueden ser probados dentro de la lógica del sistema y por lo tanto pueden ser falsos, acabó con la certeza en el mundo de lo cuantitativo. Los sistemas matemáticos son coherentes, consistentes, entre sí, pero no necesariamente verdaderos. 

En conclusión: Dadas las limitaciones de la percepción de la realidad, su descripción matemática, aunque abstracta, puede ser más precisa que la sensorial, mas no necesariamente verdadera. 

5.  En el mundo de las ciencias naturales es cierto que si el objeto estudiado y el método aplicado es el mismo, científicos operando con el mismo mapa perceptual e idéntica metodología, llegarán a las mismas conclusiones; pero no se puede afirmar que este consenso científico sea equivalente a la verdad, sino a la percepción de la  misma producida por compartir los diversos investigadores el mismo mapa perceptual y metodológico y los mismos instrumentos de prueba. 

Al salir del mundo de las ciencias naturales en el que es posible aplicar la evidencia sensorial - con las limitaciones ya anotadas -, para encontrar la verdad, y pasar al mundo de lo psico-social, la repetitividad de los resultados, por ser estos sistemas más complejos – con mayor número de variables -, no será tan exacta y habrá que acudir a otros elementos de validación, tales como la probabilidad estadística como indicio de correlación o de falta de ella entre las causas y los efectos estudiados. 

En el mundo sistémico es posible encontrar verdades aparentemente contrarias entre sí que pueden ser integradas en una verdad de nivel superior. En los sistemas el disenso y las múltiples posibilidades causales, pueden ser mirados como facetas distintas de una misma realidad aún por descubrir. 

En conclusión: 

El consenso científico basado en la repetitividad de los resultados, no es necesariamente prueba de que aquello sobre lo que hay consenso sea verdad. Tampoco es cierto, si estamos frente a un sistema, que el disenso, la contradicción, represente que ninguna de las opciones es cierta o que sólo una de ellas lo es, pues pueden representar proposiciones verdaderas de una misma realidad percibida desde diversos referentes o puntos de observación. 

 EL PARADIGMA CIENTÍFICO 

Un paradigma según definición del filósofo e historiador de la ciencia Thomas S. Kuhn (1922 – 1966), es un conjunto de prácticas y saberes que definen una disciplina científica durante un tiempo.

Los paradigmas cambian generalmente como consecuencia de un aporte contundente y revolucionario que sólo puede ser explicado trascendiendo e incluyendo en un nuevo paradigma el vigente hasta ese momento, o por acumulación de casos que no encajan dentro del paradigma en uso, lo que a la larga obliga a su replanteamiento.  El hecho de que el paradigma vigente valide los hallazgos que encajan en él, no demuestra necesariamente que el paradigma sea correcto. El paradigma emergente reinterpreta lo que validó el antiguo y da explicación a lo que estaba sin respuesta en el viejo.

El paradigma relacionado con el conocimiento científico es ventajoso e inconveniente en forma simultánea, pues al mismo tiempo que determina lo que puede ser objeto de estudio aplicando el método científico, excluye lo que no encaja dentro de él, obstaculizando el progreso de los enfoques alternativos, eventualmente verdaderos, que lo contradicen retardando la evolución de la ciencia.

Ser racional implica no apegarse emocionalmente a ningún paradigma, estando dispuesto a modificarlo a medida que la evidencia lo haga necesario, pero ni aún los científicos pueden desligarse de sus emociones, pues siguen siendo humanos senti-pensantes. La tendencia a considerar que lo que no encaja en el paradigma vigente definitivamente está equivocado, sesga la investigación científica hacia lo que es posible según el paradigma vigente y excluye de él, lo que por definición paradigmática no puede ser, tal como sucede con los fenómenos estudiados por las llamadas ciencias noéticas, lo que de entrada impide que el comunidad científica las investiguen usando las metodologías y los instrumentos desarrollados por la ciencia y descalifiquen a priori cualquier resultado validatorio de su realidad.

 EL PROPÓSITO DE LA CIENCIA 

Teniendo en cuenta todo lo analizado hasta aquí, podemos decir que el propósito de la ciencia no es producir certeza; sino sucesivas aproximaciones a la misma. Si utilizando sus métodos se puede concluir con un alto grado de probabilidad que algo es verdadero y no es posible refutar las evidencias, una teoría queda corroborada, pudiendo ser aceptada provisionalmente, pero nunca dada por verdad definitiva. 

Una verdad científica, es una APUESTA - usando esta palabra en el sentido que le da el epistemólogo Edgar Morin, algo parecido a la FE, como la define Erich Fromm, certidumbre de lo incierto, cuya probabilidad de ser cierta, depende de la complejidad del sistema al que se aplique.

Con las limitaciones señaladas, que hoy se conocen y se manejan, el método científico sigue siendo hasta ahora, el mejor sistema para explorar el mundo en el que vivimos y aproximarnos a la verdad.

 

EL PROCEDIMIENTO DEL MÉTODO CIENTÍFICO.

 

Dada la preminencia que el método científico le concede a la validación sensorial, reina en el territorio de las ciencias naturales, en las que es relativamente sencillo, medir, pesar, calibrar, etc. pero, ¿qué sucede con las otras áreas del conocimiento en donde la evidencia sensorial es poco relevante o inexistente?

San Buenaventura (1221 -1274), planteó que al conocimiento; es decir, a la verdad, se puede llegar por tres vías:

El ojo de la carne, para todos aquellos objetos de conocimiento que podemos percibir con nuestros sentidos. A este ojo corresponden las llamadas ciencias naturales, y se pueden explorar usando las herramientas del método científico, en su versión más ortodoxa, diseñado precisamente para ser usado en las ciencias naturales.

El ojo de la mente, para realidades que habitan en el pensamiento y cuya esencia es imposible percibir con los órganos de los sentidos; por ejemplo: las disciplinas que estudian al ser humano y a las actividades que este realiza en sociedad. Aplica también a las matemáticas, a la  filosofía, etc. El instrumento aquí es el uso del pensamiento guiado por lógica, entendida esta última como el conjunto de conocimientos y prescripciones que sirven para aproximarnos a la verdad, usando para ello el principal instrumento de la mente: la razón.

El ojo del espíritu, para realidades que no pueden ser percibidas con el ojo de la carne ni con el ojo de la razón, que sólo pueden ser vividas, siendo validadas sólo por la propia experiencia. Aquí cabe, por ejemplo, la experiencia mística que presuntamente conduce a la vivencia de la unidad de todo lo existente, la constatación existencial de que el mundo todo anda como debe andar y que el amor regula su funcionamiento. La práctica de la meditación contemplativa, es una de sus herramientas principales.

Cada uno de estos ojos tiene su propia metodología, que correctamente usada sigue las prescripciones del método científico. Sin embargo, la forma en que observa, se definen las hipótesis, se validan y se llega a conclusiones no son iguales, cada área del conocimiento tiene sus propias disposiciones, y es aquí donde el debate se presenta.

¿Qué tan científicas o valederas son las conclusiones a las que se llega usando en forma prioritaria cada uno de los tres ojos del conocimiento?

Karl Popper (1902-1994) reconocido por sus importantes mejoras en la comprensión del método científico, introdujo el criterio de falsabilidad, lo que exige que las conclusiones derivadas de aplicar el método científico no sólo deben probar la hipótesis que se quiere demostrar, sino pasar la prueba de no poder ser desvirtuada o falseada por experimentos que contradigan los resultados obtenidos.

Si se define que sólo es científica una conclusión con porcentaje de aproximación a la certeza cercano al 100%, en la que el fenómeno se repita cada vez que se valida experimentalmente, el método científico solo se podría usar en las ciencias naturales, esto aunque la explicación del por qué el fenómeno ocurre no tenga tanta precisión, como en el caso ya señalado de lo que origina la gravedad, o qué es la materia oscura o la energía oscura, que se sabe que existen pero no todavía qué son.

¿Qué sucede si se define como universal el método científico y se reconoce que el grado de acercamiento a la verdad dependerá del área del conocimiento a la que se esté aplicando? Esto haría posible considerar como valedero el uso del método científico en escenarios en los que la complejidad del sistema por la enorme cantidad de variables que inciden en los resultados y la dificultad de cuantificarlas, produzca resultados no  tan cercanos a la certeza, como sucede en las ciencias humanas y sociales.

La capacidad de probar o falsear algo es directamente proporcional a la simplicidad de lo examinado; es decir que a medida que avanzamos de las ciencias naturales, a las ciencias de la mente y de allí a las ciencias noéticas, la complejidad sistémica es mayor y la prueba y la posibilidad de la refutación de la misma, es más difícil.

Los críticos de Popper, uno de ellos Thomas Kuhn,  rechazaron la idea de que el método científico fuese solo aplicable a las ciencias naturales, aceptando que cada área de conocimiento, podía adaptarlo a las particularidades de su objeto de estudio.

En la actualidad examinando las variaciones en la aplicación del método científico según el área del conocimiento en el que se use, no hay un único criterio en cuanto al cómo proceder para llevar a cabo cada una de sus etapas [Observación, hipótesis, prueba, experimentación, análisis de resultados y conclusiones], porque esto depende del objeto de estudio, pero sigue vigente que sus principios fundamentales, son aplicables a cualquier investigación que se realice en cualquier área del saber humano que pretenda llegar a la verdad.

Como hemos examinado en apartes anteriores, en todas las áreas del conocimiento, incluida las ciencias naturales hay incertidumbre, no certeza. Varía de grado, pero legítimamente se puede afirmar si los resultados se han obtenido aplicando el método científico, que la conclusión es valedera, científica,  en un porcentaje dado, por ejemplo por una correlación estadística positiva, e igualmente se puede realizar declaraciones neutrales del orden de “no hay prueba de correlación entre el fenómeno estudiado y sus causas probables”, o negativas “existe correlación inversa (…)”

Los mismos criterios aplican al concepto de falsabilidad de Popper. No operan en ciencias sociales y humanas, con la precisión que lo hacen en ciencias naturales, pero las conclusiones probabilísticas a las que se llegue en ellas, no pueden ser falseadas por experimentos con conclusiones contrarias. Así, la jerarquía motivacional de Abraham Maslow puede ser falseada en la medida que la investigación pruebe que el orden que él establece y valida en sus investigaciones, no aplica en muchos casos; no obstante si las conclusiones se expresan en términos de probabilidades, y se usa el criterio de falsación evidenciando este que la probabilidad asignada al fenómeno es por ejemplo menor, podría haber espacio para mantenerla como válida. Si la correlación es baja o peor negativa, la teoría habría que desecharla o reformularla. Independientemente de los resultados, es claro que a una teoría como la comentada, es posible aplicarle criterios de prueba y de falsabilidad.

EL CIENTIFICISMO 

La ciencia ortodoxa, sólo admite como evidencia científica las conclusiones a las que se llega usando el ojo de la carne.  Lo demás serán opiniones o experiencias personales, no verdad científica. A esta visión se le denomina cientificismo; es decir, que sólo puede ser aceptado como verdad provisional aquello que pueda ser comprobado usando los órganos de los sentidos. Esta es la visión predominante. De hecho hasta en las mismas ciencias naturales, mientras no haya una comprobación empírico – sensorial, el conocimiento adquirido por la vía de la razón por ejemplo, empleando las matemáticas o la deducción lógica, no pasa de teoría, respetable pero no confirmada. Así, la existencia de múltiples universos tiene prueba matemática, mas no evidencia experimental, entre otras por la dificultad que entraña diseñar un experimento que pueda comprobarla. Otro ejemplo es el de la curvatura del espacio - tiempo, esencial en la teoría de la relatividad de Einstein, que solo dejó de ser teoría, cuando pudo comprobarse experimentalmente por el astrofísico británico Sir Arthur Eddington (1882-1944). Modernamente el bosón de Higgs cuya existencia era una posibilidad teórica, solo fue confirmado por los experimentos realizados en el Colisionador de Hadrones del CERN en el año 2013.

De aceptar la interpretación ortodoxa del método científico, sólo sería aplicable a las ciencias naturales y  sólo podría aplicarse en las llamadas ciencias humanas, sociales y noéticas a los aspectos de las mismas verificables usando los órganos de los sentidos o sus extensiones; por ejemplo a la conducta, algo que hizo la llamada psicología conductista. De hecho dentro de la interpretación ortodoxa del método científico, por la dificultad de acercarse a la certeza tanto en la prueba como en la aplicación del principio de falsabilidad, el uso de la palabra “ciencia” continúa siendo cuestionado por muchos de los científicos dedicados a la investigación en el campo de las ciencias naturales, quienes reservan el uso de este nombre sólo para aquel conocimiento que se pueda validar usando la percepción sensorial. 

Postular que sólo es científico lo que puede constatarse a través de los órganos de los sentidos, limitaría el conocimiento humano al nivel de lo sensorialmente comprobable, restringiría el uso de la razón como medio para investigar la realidad y frenaría el desarrollo del conocimiento. Un criterio tan estricto de validación de la verdad, ni siquiera se usa en las mismas ciencias naturales. Nadie ha visto un átomo y sus componentes, protones, neutrones y electrones. Tampoco una partícula elemental, un quartz. Creamos una hipótesis de cómo es un átomo examinando sus efectos, usando la mente; de hecho, mucho trecho existe entre la primitiva descripción del átomo por Niels Bohr (1865 – 1962) y la existente en la actualidad. Construimos un modelo de lo que podría ser basado en el conocimiento de los efectos, no por observación directa. Esto equivale, guardada las proporciones, a imaginarnos como opera un reloj, viendo cómo funcionan sus componentes externos. Igualmente sería absurdo negar la existencia del amor humano  o del complejo de Edipo, porque no se puede ver, pesar o tocar; deducimos que existen por la observación directa de sus efectos, algo similar a lo que sucede en algunas áreas de las ciencias naturales. Considerar científicas solo las afirmaciones que pasen la prueba de los sentidos, circunscribiría el conocimiento válido sólo a las ciencias naturales, lo cual parece una gran exageración.

El criterio usado en este artículo relacionado con el uso de la palabra “científico” a todo conocimiento generado usando los pasos del llamado método científico, aceptando diferencias en la probabilidad de veracidad de las conclusiones según las áreas de conocimiento al que se apliquen, como elemento diferenciador de las mismas, es rechazado por el cientifismo. Se menosprecia el hecho de que la evidencia sensorial tiene tantos o más problemas que el uso de la razón pura, no sólo por el mecanismo por el que percibimos e  la realidad, sino por las características de una realidad a la que la Teoría de Cuerdas atribuye diez dimensiones, de las que solo percibimos tres con el ojo de la carne, lo que puede hacer, a nivel macro, a la evidencia empírico sensorial menos confiable aún que la razón. 

LA FE MATERIALISTA 

La ciencia es agnóstica; es decir, no afirma ni niega nada sobre lo que no pueda producir un juicio basado en la aplicación del método científico, tal como se usa en las ciencias naturales, para identificar con un alto grado de probabilidad en la respuesta, si la proposición en discusión es cierta o falsa.

Los científicos no necesariamente son agnósticos. Los hay ubicados en todo el espectro de creencias espirituales o religiosas, aunque la mayoría parecen ser agnósticos o materialistas.

¿En qué se diferencia un agnóstico de un materialista?

El primero sabe que no sabe y se abstiene de opinar sobre la naturaleza última de la realidad o contestar preguntas a las que no se puede responder usando el  método científico, tal como se emplea en las ciencias naturales, como las propias del conocimiento de las ciencias noéticas ¿Quién soy? ¿Qué hago aquí? ¿Sobrevive la conciencia después de la muerte?

El segundo se siente suficientemente seguro de que los fenómenos aparentemente no materiales como la conciencia o el pensamiento, por ejemplo, tienen un origen material; por lo tanto, eliminado el sustrato material todo fenómeno desaparece. Es también claro para los científicos materialistas, que no hay seres inmateriales en el universo, dioses o ángeles, porque no hay ninguna evidencia sensorial de su existencia; tampoco preservación de la consciencia cuando el cuerpo muere, porque de la muerte no ha regresado nadie que así lo testimonie. Lo esencial es la materia porque todo fenómeno mental o psíquico o mal llamado espiritual, emana de ella. Conociendo en profundidad su funcionamiento confían en desentrañar todo lo que de ella surge.

Uno de los elementos más llamativos del materialismo científico, es que al no estar sustentado por la ciencia, por su carácter de agnóstica, no es una posición científica, sino de FE, entendida como certidumbre de lo incierto. Igual llama la atención que según la teoría de la relatividad la materia es una de las manifestaciones de la energía; es decir, que el materialista está trabajando no con la materia concreta, que es una ilusión de los sentidos producto de la energía electromagnética que causa la sensación de solidez, sino con uno de los misterios mayores del universo, la energía, algo que en últimas no sabemos que es, y que puede para perplejidad del materialismo funcionar sin estar ligada a la materia. En esencia, operan sobre lo numinoso, y aunque su venerada ciencia así se los indica, señalándoles además que el 99.99 de la materia es vacío, insisten en trabajar con la apariencia, la materia, y no con la esencia, la energía – cualquier cosa que ella sea -, que es lo que está tras de la forma.

El paradigma científico actual no es agnóstico, ni materialista, ni espiritual, sino un método para acercarse a la naturaleza de la realidad, pero como ya se ha dicho, no sucede así con la mayoría de lo que los usan. Estos por razón de su FE, denominada así por convertir una creencia en hecho sin que haya prueba científica que la valide, excluyen de entrada, por convicción, cualquier aplicación del método científico a los fenómenos denominados espirituales propios de las llamadas ciencias noéticas, porque es postulado de la FE materialista, que nada que no tenga un sustrato material, tal como ellos entienden la materia, puede existir. Es una negación a priori que viola la esencia del método científico orientado hacia la búsqueda objetiva de la verdad, sin permitir que las creencias sesguen el juicio.

La exclusión de los fenómenos espirituales del campo de la ciencia, no es en consecuencia, una limitación del método científico, sino una decisión de FE de la mayor parte de sus practicantes que a priori niegan la existencia de algo que no pueda ser evidenciado con el grado de certeza producido por la aplicación del método científico al área de las ciencias naturales. 

HACIA UNA REDEFINICIÓN DEL MÉTODO CIENTÍFICO. 

La visión alternativa del método científico que en la práctica es la que se aplica las áreas del conocimiento distintas al de las ciencias naturales, se basa en las siguientes premisas:

1.  Ninguno de los tres ojos del conocimiento produce certeza. 

El ojo de la carne y el de la mente por las razones presentadas en la primera parte de este artículo. El ojo del espíritu, porque produce una evidencia subjetiva, testimonial, que no prueba sea real lo que se percibe como tal; por ejemplo, aunque muchos meditadores hayan experimentado la unidad e interdependencia de todo lo existente en el universo, ello no prueba que su percepción subjetiva corresponda a la realidad. 

2. Cada uno de los ojos según el mapa conceptual que tenga el investigador, produce resultados decrecientes desde el punto de vista de la evidencia de las conclusiones y la posibilidad de falsear las mismas. 

Más próximas a la evidencia sensorial, el ojo de la carne; sólo coherente con la razón el ojo de la mente; y sólo testimonial el ojo del espíritu. Este sería el orden para un científico dedicado al estudio de las ciencias naturales; no obstante, desde la perspectiva de un místico, el ojo del espíritu predomina sobre el de la razón y este sobre el de la carne.

Esta última afirmación no es tan extraña al mundo científico en cuanto a la preminencia que puede tener el ojo de la mente sobre el ojo de la carne. Para el físico y matemático húngaro Eugene Paul Wigner (1902-1995), quien recibió el Premio Nobel de Física en 1963, el milagro de la articulación entre las matemáticas y la formulación de las leyes de la física, era incomprensible. Igualmente Albert Einstein (1879 -1955) se preguntaba ¿cómo es posible que las matemáticas, un producto del pensamiento humano independiente de la experiencia, se ajuste de modo tan perfecto a los objetos de la realidad física? En muchos casos el ojo de la razón ha guiado, y seguirá haciéndolo, al ojo de la carne.

Dada la limitación de percibir sólo en tres dimensiones, un universo que por lo menos tiene cuatro y puede llegar hasta diez, según la Teoría de Cuerdas, se podría afirmar con bastante seguridad que la descripción del mismo es más fiel a la realidad, a lo que es, desde la descripción matemática del mismo que desde la evidencia sensorial.

No obstante todo lo anterior, para la ciencia ortodoxa, el ojo de la carne, como vimos anteriormente, es la prueba reina, ello a pesar de sus limitaciones. Sin él, la verdad, aunque tenga evidencia matemática como la teoría de los múltiples universos, no será considerada como legítimamente científica.  

3.  Los tres ojos del conocimiento son distintos, pero complementarios. 

La verdad o su equivalente en el mundo físico, la realidad, debe revelarse como la misma independientemente del ojo con el que se la vea. Cada mirada, con un valor variable según el mapa conceptual del observador, y con resultados probabilísticos diferentes aporta a la comprensión de la verdad total.

El ojo de la carne puede colaborar con los ojos de la mente y del espíritu, validando algunas de sus conclusiones.

El ojo de la mente debe ayudar al ojo de la carne, pues sin él la observación, la hipótesis a demostrar, el análisis de resultados y la elaboración de conclusiones, no se podrían llevar a cabo.

Para la espiritualidad, la verdad suprema es la que se obtiene por el ojo de la contemplación, y los partidarios de su preminencia, se sienten por ello muy satisfechos cada vez que la filosofía usando el ojo de la mente o la ciencia usando el ojo de la carne,  se acerca a sus visiones del universo; por ejemplo: la posibilidad de  que el universo sea holográmico, o que tenga conciencia. 

El principio de falsabilidad igualmente puede ser mejor usado empleando los tres ojos del conocimiento, pues si bien en el proceso de prueba uno de los ojos, según el objeto de estudio tiene preminencia sobre los demás, en el proceso de falsación los tres deben coincidir. Así, una verdad contemplativa contraria la razón, o no es válida, o debe esperar un mayor desarrollo de las ciencias del pensamiento para poder ser validada. Lo mismo sucedería si es contraevidente con la evidencia sensorial. Ejemplo: una creencia como la de la creación del universo en seis días calendarios, presuntamente obtenida por la vía contemplativa, es fácilmente falseable por las conclusiones experimentales de la biología evolutiva y la paleontología. Una apuesta metafísica, no necesita ser probada por el ojo de la carne, por eso se le denomina APUESTA, pero no debe ser contraria a la razón y a las conclusiones de las ciencias naturales. De hecho, si una creencia derivada del método contemplativo, es abiertamente contraria a la ciencia y a la razón, la creencia debe ser replanteada. 

En caso de que en la descripción de la realidad no coincidan los tres ojos, no sólo es necesario examinar si hay que esperar el desarrollo de alguno o algunos de ellos para armonizar las conclusiones, sino también la forma en que fueron empleados para generar sus conclusiones. 

En ojo de la carne a través del uso de los sentidos, ayuda a los otros dos a validar todas las conclusiones en la que sea posible confirmar su consistencia con la información sensorial. El ojo de la mente, usando la razón, ayuda normalmente al ojo de la carne y también al ojo del espíritu a establecer y conformar sus descubrimientos. El ojo del espíritu a través de la contemplación, valida e  ilumina en el área de su competencia, a los otros dos ojos. 

En conclusión el replanteamiento del método científico implicaría:

·    Validar el propósito del mismo: la búsqueda de la verdad, teniendo en cuenta que las conclusiones a las que se llegan usando cada uno de los ojos, independientemente del grado de validación objetiva o subjetiva que tenga, son aproximaciones a la verdad, susceptibles de mejoramiento en la medida en que el conocimiento humano, la evolución de la lógica y el desarrollo de la conciencia humana se vaya dando. 

·   Considerar la metodología científica como universal; es decir, aplicable a todos las áreas y usable por todos los ojos, lo cual no significa que en todos los casos se pueda aplicar; sin embargo, la imposibilidad de  usar su metodología para lograr comprobaciones confiables y repetibles de afirmaciones presuntamente científicas, brinda información útil a los interesados en la veracidad de los resultados obtenidos en todas las áreas del conocimiento humano. El saber que no se sabe es un avance. 

·    Admitir las diferencias de grado de acercamiento a la verdad en los procesos de validación de las conclusiones obtenidas usando cada uno de los ojos, como consecuencia directa de la complejidad de cada uno de los sistemas bajo estudio. Más precisa en sistemas simples, menos precisa en sistemas complejos. 

·  Reconocer la interdependencia de los tres ojos del conocimiento en el desvelamiento de la realidad o en la búsqueda de la verdad, y en los procesos de falsación de las conclusiones a las que se llegue en cada una de ellas. 

 

CONCLUSIONES GENERALES

 

 Como conclusiones generales de este artículo podemos llegar a las siguientes: 

1.  El llamado método científico es aplicable a todas las áreas del conocimiento. Lo que varía es la aproximación a la verdad en cada una de ellas. Entre más sistémico el conocimiento explorado, menor acercamiento a la certeza, siendo más alta la que se obtiene usando el ojo de la carne, la siguiente la que se produce usando el ojo de la mente y la última el del ojo del espíritu. Desde el punto de vista subjetivo, sin embargo, el grado de certeza puede ser inverso, más confianza en el ojo del espíritu que en el ojo de la mente o el de la materia; más confianza en el ojo de la mente que el ojo de la carne. 

2.  Lo que hace científica la investigación en un área del conocimiento, no es el grado de exactitud de sus conclusiones, sino la aplicación del método científico. Cada área del conocimiento si sigue las prescripciones del método científico,  puede ser considerada científica desde el punto de vista del propósito y del procedimiento, aunque varíe el grado objetivo de certeza que se obtenga en cada área de conocimiento. Limitar la aplicación del método científico a las ciencias naturales, o llamar científicas sólo a las conclusiones obtenidas en esta área, confunde el método empleado con el grado de probabilidad de las conclusiones alcanzadas. 

3. El ojo con el que cada área del conocimiento debe explorar la verdad corresponde a la naturaleza de la misma. Todos los ojos pueden y deben ser usados, pero la gradación de los mismos, cuál es más útil, depende del área del conocimiento que se vaya a explorar. 

4.  Dada la interdependencia entre los tres ojos del conocimiento no es racional descartar ninguno de ellos, teniendo en cuenta la pertinencia del mismo al objeto de estudio. Así, a un cosmólogo le sería útil, no solo tener en cuenta la teoría de los múltiples universos, demostrada matemáticamente, sino la visión de los contemplativos sobre lo que es el universo. A su vez un místico podría sentirse más tranquilo de la validez de sus experiencias subjetivas, viéndolas a la luz de la razón y confrontándola con las conclusiones de las ciencias naturales. 

5.  El grado de veracidad al que se llega en cada área del conocimiento varía no sólo según el ojo con el fueron deducidas sino también por las creencias – certeza subjetiva -, de quienes aplican el método propio de cada ojo. Así una es la certeza de los resultados para el científico materialista que cree que todo fenómeno mental o espiritual es un subproducto de la materia, otra para el matemático que con sus ecuaciones percibe una realidad no observable con los ojos de la carne, y otra para el místico, para el que su evidencia subjetiva produce certeza de saber. Todos, tanto el científico, como el pensador matemático,  como el místico, están afectados por sus creencias. Estas deben reconocerse, hacerse explícitas, para que afecten en menor medida las conclusiones a las que se llegue al usar el ojo pertinente a cada área del conocimiento. 

6.  Debido a la distorsión que la percepción causa en la apreciación de la realidad, el método científico puede tener mayores posibilidades de llegar a conclusiones valederas en el mundo de las realidades blandas que habitan en el pensamiento y en la experiencia humana, donde su realidad tiene una validación subjetiva, que en el mundo aparentemente concreto en el que operan las ciencias naturales, en las que el método científico se aplica no a la realidad como tal sino a la percepción de la misma observada en tres dimensiones en un universo que posiblemente tiene diez o más. 

Si esto es correcto, es posible que la ciencia termine aceptando la jerarquía inversa de confiabilidad de los místicos: la contemplación guiando la razón y esta a los sentidos. 

7.  Distinguir entre paradigma científico, entendido como un método para llegar lo más cerca posible a la realidad, a la verdad, a lo que las cosas son, y la FE materialista de la mayor parte de sus practicantes. Insistir en que la ciencia es agnóstica, busca la verdad sin prejuicios, abierta a todos los ojos y a todas las áreas del conocimiento humano. La realidad es una sola, la parcelación de la misma corresponde a la mente en su necesidad de fragmentar para poder entender, no a la realidad en sí misma. 

9.  No convertir las conclusiones a las que llega el paradigma científico vigente  en una especie de verdad inamovible, en el que se cree más por FE que por evidencia contundente. Esto lleva a descartar todas las verdades incómodas que no encajan dentro del paradigma actual y para muchos ni siquiera considerar como posible, lo que no cabe dentro de la FE materialista. La FE materialista puede ser tan dañina como la FE religiosa. Cuando en la práctica se abandona el concepto de acercamiento probabilístico a la verdad, se elimina del todo la duda y con ella la posibilidad de estar equivocado. La creencia de ser poseedor de la verdad limita los intentos por seguir explorando lo sabido y descarta como conocimiento conveniente de ser analizado, todo aquel que no encaje en lo que ya se cree sabido; así, la espiritualidad no es posible – asunto más de FE que de exploración científica – por lo tanto, de entrada, no es investigable. 

10. Despojar al paradigma científico enfocado sólo en el ojo de la carne y la evidencia sensorial y con alguna reserva en lo que tenga evidencia matemática, de su presunción de ser el único método adecuado para llegar a la verdad - lo que se denomina cientificismo -, excluyendo o menospreciando el aporte de los otros ojos del conocimiento, reduciendo el conocimiento confiable sólo a lo que es observable con los ojos de los sentidos. Al hacer esto se priva de aplicar con seriedad y rigor las conclusiones de los otros ojos; por ejemplo, a las ciencias noéticas y más allá de ellas a fenómenos espirituales; tales como, reencarnación, aparición de espíritus, experiencias paranormales -  adivinación, telequinesia, precognición, telepatía, etc. – que pueden ser examinadas también con los ojos de carne, como intenta hacerlo la Parapsychological Association en Estados Unidos, aceptada como miembro con plenos derechos en 1969, por la Association for the Advancement of Science. 

El mantener la presunción de que sólo el método científico aplicado a las ciencias naturales es el válido, puede conducir a absurdos tales como examinar la naturaleza humana sólo desde la perspectiva de la conducta medible, negar la existencia de la auto-conciencia humana, la libertad de elección, etcétera, como lo hizo el conductismo en la Psicología, o en el caso de las ciencias económicas, a simplificar la conducta humana para que se ajuste al modelo científico naturista, en lugar de adaptar el modelo de investigación a la naturaleza del objeto de estudio: la naturaleza humana, aproximación realizada por los ganadores del premio Nobel de Economía, Daniel Kahneman y Vernon Smith en 2002 y Richard Thaler en el 2017. 

11. El paradigma científico debe contemplar diversas especificaciones o prescripciones metodológicas para diversas áreas del conocimiento preparadas y consensuadas por los investigadores de las mismas, siendo consciente, como se ha sostenido a lo largo de este artículo y se enfatiza en el punto 1 de estas conclusiones,  de que ni aún en las ciencias naturales se obtiene certeza, que esta disminuye en las ciencias sociales y humanas y aún más en la espiritualidad o ciencias contemplativas, pero todas, si emplean el método adecuado a su naturaleza, pueden justamente ser denominada ciencias. Así en psicología, los métodos del psicoanálisis para explorar el inconsciente;  a saber: asociación libre, interpretación de sueños y actos fallidos, llevan a conclusiones válidas, científicas, aunque con menor grado de certeza que las obtenidas en las ciencias naturales. 

A la pregunta que originó este trabajo:

¿Es posible hablar de aplicación del método científico a áreas del conocimiento no cuantitativas, tales como las ciencias sociales y humanas, o más crítico aún, al área de la espiritualidad, a lo numinoso, como pretende hacerlo el Instituto de Ciencias Noéticas?

Respondemos, basados en los análisis anteriores, con un rotundo SÍ.

 

 

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