EL BIEN Y EL MAL
EL BIEN Y EL MAL[1]
ALBERTO J. MERLANO A.
Este
artículo investiga la interrelación entre el BIEN y el MAL, buscando resolver
la pregunta de si puede existir el uno sin el otro.
La existencia del bien y el mal considerándolos como entidades diferentes y opuestos irreconciliables, tesis de las religiones judeo – cristianas e islámica, ha creado problemas relacionados con la posición de Dios ante el mal que los teólogos no han podido resolver ni siquiera asignándole a cada extremo de la dualidad un protagonista distinto: Dios y Satanás, pues aun así queda sin solucionar la temible pregunta: ¿Por qué permite Dios el mal en el mundo? Ella aún está sin respuesta convincente a no ser que veamos el “mal” y el “bien” como aspectos de una misma realidad, inseparable el uno del otro.
En las concepciones PANTEISTAS lo que llamamos bien y mal son expresiones del SER al devenir en universo. Ambos son hijos de nuestra mente, consecuencia de nuestra evaluación de la realidad frente a las expectativas que tenemos de ella. El bien y el mal carecen de existencia en la esencia divina, aunque son reales en el nivel en el que como humanos expresamos nuestra esencia, pues en el ser de DIOS se integran todas las contradicciones que existen en el mundo de lo relativo.
En Dios está en simultánea lo que llamamos bien y mal. Satán es la parte “maligna” de Dios, su otra cara, el nombre que los hombres le damos cuando se expresa plenamente en la contradicción propia de la dualidad, para manifestar su ser.
El bien y el mal solo existen en referencia a nuestra realidad; es más, en ella no son concebibles por separado. No es posible que en Dios se integre todo lo bueno y en Satanás todo lo malo. Al hacerlo deificamos al demonio volviendo antagonista de su creador. Estas separaciones son artificiales. El mal sin el bien no existe y viceversa, no pertenecen al mundo de la realidad, sino al juego de los opuestos de la mente, necesarios para comer el fruto del bien y el mal y avanzar en nuestro proceso evolutivo hacia mayores niveles de conciencia y por lo tanto, de unidad en el amor.
En palabras de Ramesh Balsekar, maestro del hinduismo advaita: Cuando todo el mundo reconoce la bondad como bien ya está presente el mal. Ver esto es entender que buscar el bien y excluir el mal, buscar la belleza y excluir la fealdad, es como ver las estrellas excluyendo el espacio, ver las letras del libro excluyendo el fondo blanco. Lo que existe es una inevitable dualidad de opuestos interrelacionados.
Dios es la unión de los contrarios. Es muy difícil imaginar el cielo como un "lugar" en el que se acumulan todos los positivos y el infierno como otro en los que se acumulan todos los negativos. Sólo podemos concebirlo como un "sitio" en donde se anula la contradicción, la lucha entre los opuestos.
La virtud sólo lo es si es posible “pecar”, de lo contrario se carecería de libertad y volveríamos casi a una etapa prehumana en la que al igual que los animales, guiados fatalmente por los instintos, no tendríamos opción distinta a ser “buenos”. En este evento incluso el significado de bondad se perdería.
El llamado mal es necesario para tener conciencia del bien. La polaridad se necesita para que en la oposición de contrarios se proceda a evolucionar integrando en una sola ambas faceta de la realidad. Sólo el mal le da sentido al bien, solo el pecado a la virtud.
Nada que venga de Dios es “malo”, por ello el “mal” sería el “bien” visto desde otra perspectiva. El bien y el mal coexisten, dependen el uno del otro, y en forma indirecta para aquellos que consideran a Satanás como creado por DIOS, DIOS es el autor de ambos, de Él emanan, en consecuencia, tanto el bien como el mal.
¿Qué tanta libertad tendría un Dios que solo pudiese hacer el bien? ¿Qué tanta libertad tendría un eventual demonio que no pudiese evitar hacer el mal?
Hacemos crecer lo que miramos, no solo en su dimensión positiva sino también en la negativa. Nuestra obsesión por el bien agranda su opuesto, el mal. Es lo que sucede con la Ley, su presencia crea al infractor y simultáneamente al fiscal, al defensor y al juez. La prohibición creo el primer pecado, o el primer acto soberano de auto-afirmación humana, frente a un DIOS que al erigirse en LEY ratificó la separación de sus criaturas.
La visión dualista en la práctica del bien y el mal es muy difícil de sostener, requiriéndose para ello verdaderos malabares mentales. ¿Por qué no pensar que bien y el mal son facetas de esa única realidad, substrato de todo lo que es, que llamamos DIOS?
Sin la dualidad, no habría manifestación. Dios se reconoce como Dios en la contradicción entre lo absoluto y lo relativo. Sin ella su consciencia de si sería muy limitada. Solo soy YO en presencia de un TÚ. Las criaturas, limitadas, somos también “necesarias” a ese Dios pues sin nosotros no sabría en que consiste eso de ser Dios al no poder manifestar todas las potencialidades de su SER. ¿Cómo saberse todopoderoso sin conocer de limitaciones? ¿Cómo saberse sabio sin conocer la ignorancia? ¿Cómo conocer la consciencia sin saber que es la inconsciencia? ¿Cómo saber que es amor sin conocer el odio? ¿Cómo saberse justo sin conocer la injusticia? ¿Cómo saberse eterno, inmortal, sin conocer lo que es ser perecedero, mortal? Somos necesarios para Dios. A través de nosotros aprende de sí mismo, porque ni siquiera Él puede escapar a la ley de que solo conocemos y nos conocemos en la contradicción. Él nos creo a nosotros, que somos parte de Él, jugando el juego de la limitación y nosotros lo creamos a Él para poder concebir lo absoluto. Estupenda manera de liberarse del aburrimiento al decir de Alan Watts, de ser Dios y crecer en el proceso de crear fragmentos de sí mismo inconscientes de su unidad con Todo lo que ES.
DIOS simplemente ES, y allí en su esencia divina integra todas las contradicciones. Así se le definió al Moisés bíblico: Yo soy el que soy citado en Éxodo 3-14. Esto lo incluye todo, aun nuestras categorías dualistas, que incluyen nuestros conceptos sobre el bien y el mal, que lo son no porque en si lo sean, sino porque nosotros las percibimos así.
Si
todo lo anterior es cierto, siguiendo a al físico y místico Erwin Schrödinger No existe nada bueno ni malo, excepto en el pensamiento,
y en la vida no habría ni premios ni castigos, sólo consecuencias.
[1]
Extensión de una reflexión realizada por el autor el 10 de mayo del 2002.
Revisada en Septiembre de 2010. La concepción de DIOS que se usa en este
artículo corresponde al DIOS personal, distinto del ser humano como lo conciben
las concepciones judeo cristianas e islámicas.

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